Universidad Autónoma de Aguascalientes

Apuntes sobre el desconocimiento generalizado de las ciencias en un mundo dependiente de las ciencias. Parte 2

PDF | 249 | Hace 11 meses | 10 septiembre, 2021

Francisco Javier Avelar González

A partir de algunas de las reflexiones escritas por Carl Sagan en “El mundo y sus demonios”, la semana anterior dedicamos este espacio a señalar uno de los grandes problemas de la sociedad contemporánea. Dicho problema resulta del cruce entre los asombrosos avances que hemos experimentado en cuestiones de ciencia y tecnología, y el analfabetismo científico generalizado en la población. La extraña mezcla ha permitido, entre otras cosas, el perverso aprovechamiento de los avances tecnológicos para el encumbramiento de la credulidad, el conspiracionismo, la difusión de noticias falsas, las radicalizaciones ideológicas, la imposición de dogmas sociales y el desprecio a la búsqueda objetiva del conocimiento, así como a regir nuestras vidas -como comunidad- de acuerdo con creencias verificables y sustentables, en vez de con narrativas altamente sesgadas, politizadas y polarizadas.

Entre los responsables de este peligroso y paradójico coctel (enormes avances científicos y tecnológicos en un mundo científicamente analfabeta), ubicamos al menos dos actores importantes:

Primero, los medios de comunicación. Muchos de ellos parecen haber renunciado a su compromiso con la objetividad y la difusión del conocimiento, dejándose absorber por la seductora pero equivocada premisa del sistema capitalista: estamos aquí por y para el dinero. Desde esta premisa, los contenidos que más venden son los más promocionados, no importa si son útiles y bien fundamentados, o si son chatarra cultural, ideológica e informativa. Si caben dudas sobre qué se vende más y qué es lo más promocionado por los nuevos medios de comunicación y entretenimiento, basta darse una vuelta por la página principal de YouTube (sin introducir nuestra cuenta, para no predeterminar lo que vemos a partir de nuestras preferencias personales), u observar cuáles son los canales y perfiles con más visitas y más promoción en otros sitios, como Instragram y Tik Tok. En cuanto a los medios tradicionales, una simple ojeada en sus plataformas o en sus impresos nos permitirá notar que los temas sobre conocimiento científico y tecnológico están prácticamente desterrados y que, en general, cuando se incluye algún contenido con estas temáticas, suele tener un abordamiento superficial, poco nutritivo y algunas veces confuso o hasta equivocado en sus afirmaciones.

El otro responsable -directo o indirecto- corresponde al sistema educativo y a la propia comunidad de científicos y tecnólogos. El primero porque ha privilegiado una dinámica de enseñanza-aprendizaje basada en la memorización automatizada de datos, fórmulas y fechas, en lugar de enfocarse en tender puentes para explicar cómo toda nuestra organización social y nuestras actividades diarias están atravesadas por los métodos y el conocimiento obtenido de la investigación científica. Así, en no pocas ocasiones, el sistema educativo funciona como un repelente o una vacuna que adormece la curiosidad innata y el hambre de exploración y aprendizaje práctico que albergan los niños y los jóvenes.

En el mismo tenor, la pequeña comunidad de personas que logró sortear estos escollos durante sus años de formación académica, hoy se encuentra en una burbuja de diálogo entre pares, haciendo prohibitiva para el resto de la sociedad la comprensión de un sinnúmero de temas y descubrimientos fascinantes. En este terrible encapsulamiento tiene mucho que ver la organización administrativa de las instituciones gubernamentales y académicas, porque han diseñado un sistema de incentivos que se enfoca exclusivamente en premiar la publicación en revistas arbitradas e indexadas, olvidando o incluso menospreciando las labores de educación, difusión y divulgación en espacios no especializados.

De lo anterior puede deducirse que nos hace falta que la comunidad científica integre e incentive como una de sus funciones sustantivas la divulgación y difusión del conocimiento para todos. Si se tiene la impresión de que incluir esta actividad es problemático por un tema de falta de rigor y fiabilidad, donde las revistas especializadas indexadas se ven como rigurosas y los sitios de divulgación se perciben como poco fiables, habría que señalar que se trata de un problema falso, porque es perfectamente posible generar revistas, canales y espacios de divulgación que se guíen bajo lo más altos estándares de rigurosidad académica, aplicando en la selección y aprobación de contenidos las mismas reglas y metodologías que se usan para la aprobación de artículos en revistas especializadas…

En resumen, nos hace falta incentivar la comunicación entre científicos y sociedad, así como plantearnos desde las instituciones educativas un cambio sustancial en nuestras dinámicas de enseñanza: un cambio desde el que verdaderamente se forme a los estudiantes en la comprensión de los métodos científicos, así como en la distinción cabal entre las opiniones y creencias sin sustento, y las afirmaciones fundamentadas, reflexivas, críticas y sujetas a comprobación y refutación que ofrecen las ciencias. También es necesario que los inversionistas y dueños de los grandes medios masivos y redes sociales digitales limiten su aberrante e insostenible codicia, y apuesten por un equilibrio entre sus ganancias económicas y el bienestar de la población. Como esto tal vez no ocurra sin intervención de los gobiernos, no deberíamos descartar la legislación de contenidos, no con fines prohibitivos o de censura, sino de empuje y promoción del trabajo de científicos e instituciones educativas. Pienso, solo por dar un ejemplo rápido, en establecer un tiempo, un espacio y una promoción obligatoria de canales de divulgación de la ciencia en la página principal de YouTube, de tal forma que los usuarios puedan ver de forma permanente qué oferta hay disponible con respecto a este tipo de contenidos…

En cuanto a los medios tradicionales, muchos deben renovar su compromiso con la objetividad, la comprobación de los datos que publican y la veracidad. Tengamos cuidado aquí, que objetividad no significa dar el mismo tiempo y proyección a un negacionista del cambio climático que a un estudio que muestra con pruebas los estragos de la elevación de la temperatura en el planeta: objetividad, en este caso, es cerrar la puerta al negacionista y no darle proyección, porque está divulgando afirmaciones y creencias que no tienen sustento, y cuya promoción hace un enorme daño a la población. Lo mismo puede decirse de otros temas medioambientales, sanitarios, políticos y sociales, donde prevalece la introducción de datos erróneos o engañosos, así como de adoctrinamientos basados en narrativas tendenciosas, dogmáticas o mal sustentadas… Legislar con respecto al uso del espacio mediático común es muy delicado y se debe tener mucho cuidado para no coartar la libertad de expresión de nadie; sin embargo, es necesario comenzar a plantear estas cuestiones, porque es innegable que la desinformación, las fake news, los dogmatismos, las radicalizaciones y la posverdad están haciendo imperio, y eso le está costando muy caro a la sociedad.

Dejo por hoy estas reflexiones. Para cerrar apropiadamente con el tema, la siguiente semana nos enfocaremos en lo que podríamos denominar como “uno de los más grandes fracasos del sistema educativo de Occidente”. Si desean saber de qué se trata, entonces ¡nos vemos la próxima semana!

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