Universidad Autónoma de Aguascalientes

CARTA ABIERTA A LOS DOCENTES

PDF | 970 | Hace 2 años | 14 mayo, 2021

Francisco Javier Avelar González

Estimados docentes:

Hace poco más de un año nos enfrentábamos a la vertiginosa transición de nuestros métodos de enseñanza. Urgidos por la necesidad de quedarnos en casa para preservar la salud del mayor número de personas, ante una nueva enfermedad cuyos alcances aún desconocíamos, los docentes de todos los niveles educativos nos encontramos frente al enorme problema de continuar honrando nuestra vocación, desde el distanciamiento físico obligado.

Así, sin el tiempo y la preparación que hubiésemos deseado, tomamos nuestras maletas e iniciamos un éxodo hacia el mundo de las tecnologías de la información y la comunicación. En este camino y en no pocos casos, nos convertimos por momentos en alumnos de nuestros alumnos, quienes más de una vez nos han servido de referencia en cuestiones de adaptación y uso de programas computacionales especializados.

Ante el reto del abrupto cambio de circunstancias, hemos tenido la oportunidad de redimensionar y ampliar nuestra labor: encontramos nuevas maneras de decir las cosas; engrosamos la variedad de herramientas y estrategias para la difusión del conocimiento; nuestra plasticidad y capacidad de adaptación se ejercitó de manera importante. También hemos podido acercarnos más a los distintos contextos sociales de nuestros estudiantes, y entender a cabalidad algunas de las problemáticas que enfrentan y que pasan desapercibidas en los salones de clase. Empatizamos más y llegamos a ofrecer asesorías y apoyo en cualquier momento que los alumnos lo solicitaran, en una significativa muestra de humanismo.

Después de la migración al mundo digital, así como de la adaptación y la normalización de las dinámicas de enseñanza-aprendizaje a distancia, y ante el cercano -aunque aún incierto- regreso a clases presenciales, nos llega el tiempo de mirar atrás y recoger las lecciones que hemos aprendido en un año tan duro.

Cada quien es soberano de sus propias reflexiones y sabrá, de acuerdo a su experiencia individual, qué aprendizajes y beneficios directos e indirectos ha cosechado, así como qué retos y áreas de oportunidad le esperan. Pero creo que la mayoría de nosotros coincidirá en la importancia de un tema particular, relacionado con la manera en que gestionamos el tiempo y los espacios en los que nos desenvolvemos. El confinamiento prolongado nos orilló a convertir nuestras casas no sólo en los hogares que ya eran, sino también en improvisadas oficinas, salones y laboratorios para clases virtuales, así como en lugares de esparcimiento personal, familiar y social. Esta disolución de fronteras espaciales trajo consigo el desvanecimiento de necesarios límites temporales: éramos, al mismo tiempo y todo el tiempo, padres o madres, parejas, hermanos, hijos y académicos e investigadores… Esta experiencia, que ha generado no pocas crisis personales, intrafamiliares e incluso vocacionales, puede servirnos para reconocer la necesidad de restablecer lindes que nos permitan honrar cabalmente cada una de nuestras actividades y relaciones, a fin de desarrollarnos como seres humanos plenos.

Es cierto que mientras no retornemos a una dinámica general lo más parecida posible a la que vivíamos con anterioridad a la pandemia, será difícil lograr una óptima separación de espacios y dinámicas; pero aun así conviene buscar soluciones que nos ayuden a atender con propiedad cada uno de nuestros roles sociales, de tal forma que protejamos nuestra salud física y mental, así como nuestra convivencia con los demás. De esta manera, lograremos también conservar y aumentar el placer de dedicarnos a la docencia y honrar esta vocación, con las fuerzas y el ánimo que una labor tan noble y demandante requiere.

Es loable, sin ninguna duda, que la convicción de ser docentes sea tan fuerte y comprometida que incluso a veces extendamos indefinidamente los momentos para la retroalimentación y el apoyo de nuestros estudiantes. Pero lo es aún más trabajar en nuestra paz y equilibrio, en aras de que la llama de ese compromiso con los otros y con la educación no llegue a desgastarse o apagarse…

Hay muchos otros temas sobre los cuales conversar y tomar nota, tanto para sentirnos satisfechos con nuestro trabajo, como para mejorar o adaptarnos ahí donde no hemos logrado hacerlo como nos gustaría… Seguramente, tendremos oportunidades para hablar de todo esto a fondo; mas, en lo que se presentan, quiero aprovechar esta carta y la conmemoración del Día del Maestro, para retomar lo dicho en los primeros párrafos y expresarles mi más sincero reconocimiento:

En el año de una crisis multifactorial que sacudió y prácticamente detuvo al mundo, los docentes sacaron la casta y no desfallecieron en su tarea de llevar oportunidades de desarrollo a niños y jóvenes. A pesar de la distancia y de la incertidumbre, docentes de todo el orbe se plantaron como luz y certeza, dejando claro que una vocación como ésta no se ve frenada ni siquiera ante emergencias de proporciones monumentales. Esto habla de la comprensión profunda de su labor y del entendimiento de que son los frutos de la educación los que habrán de sacarnos de cualquier crisis; porque sólo desde la educación y el conocimiento habremos de vencer las carencias y enfermedades que nos aquejan como sociedad, y las que habrán de venir con el paso del tiempo.

Por ello, por su indispensable labor como guías de la sociedad y como protectores y transmisores del conocimiento, quiero extenderles mi felicitación y mi completa admiración. Continuemos juntos ejerciendo dignamente la vocación de la docencia, desde el humanismo, la razón y la meta de formar una sociedad cada vez más digna, justa y preparada. ¡Muchas felicidades!

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