Universidad Autónoma de Aguascalientes

Detrás de una gran persona, siempre hubo un(a) gran docente

PDF | 793 | Hace 2 años | 15 mayo, 2020

Francisco Javier Avelar González

El día de hoy celebramos en México el Día del Maestro. A través de este espacio, les comparto la carta que enviamos al personal docente de nuestra casa de estudios, para hacer extensivo el mensaje a todas las personas que han dedicado su vida o parte de ella a la educación. Espero que sea de su agrado.

Estimados docentes:

Una de las preguntas fundamentales que a lo largo de la historia nos hemos hecho es ¿qué nos distingue de otras especies? Aunque entre especialistas no termina por haber un consenso definitivo, se habla de la lengua como característica innata y exclusiva. Se habla también de nuestra formidable capacidad para generar significados, del desarrollo de la conciencia propia, del raciocinio y de la generación y transmisión de cultura a las nuevas generaciones… Creo que, en este conjunto de posibilidades distintivas, podríamos incluir el enorme afán que ponemos a la educación, no como una simple secuencia de comunicación informativa, sino como el complejo proceso mediante el cual desarrollamos las facultades intelectuales, los valores y las habilidades de nuestros niños y jóvenes, a través de preceptos, ejercicios y ejemplos.

No hay otra especie que dedique tal atención, tiempo y cuidado a los procesos de enseñanza-aprendizaje, ni que los identifique como medulares para el desarrollo social y el fortalecimiento comunitario. Incluso podríamos decir que la educación (empezando por la que proviene del ámbito familiar) es el centro de todas las sociedades. Pensando en esto, qué personas más importantes para toda la humanidad que nuestras madres, padres, mentores(as) y docentes.

Hace apenas cinco días celebramos en México a nuestras madres, baluartes no sólo del milagro de la vida, sino también de la crianza y la cohesión humana. Hoy hacemos otro tanto con una figura doblemente meritoria: la de las y los maestros. Es doblemente meritoria porque, además de dedicar sus vidas a la formación integral de niños, jóvenes y adultos, lo hacen sin que haya ningún parentesco político ni mucho menos obligación consanguínea. Transmiten sus conocimientos con paciencia y entrega, movidos sólo por la vocación; es decir, por el deseo de que las personas puedan conocer y conocerse cada vez más. Si esto no fuera suficiente, pensemos que los maestros cargan con una responsabilidad que pocas profesiones tienen: de su éxito o su fracaso depende -aunque sea de forma indirecta- la

felicidad o la desgracia de toda la sociedad. A fin de cuentas, está en sus manos la formación de absolutamente todas las artes, oficios y profesiones.

La efeméride que celebramos en nuestro país el día de hoy, 15 de mayo, es una de las más importantes del calendario. Toda persona que dedique su vida o parte significativa de sus jornadas a la enseñanza, ya en ámbitos formales y académicos, o en contextos familiares o laborales, merece hoy mucho más que una felicitación y un sincero reconocimiento. A través de este mensaje, quiero agradecer a nombre propio y de la Benemérita Universidad Autónoma de Aguascalientes, a todas las y los docentes de nuestra casa de estudios y de todas las instituciones educativas; también a quienes han fungido como ejemplos y maestros de otras personas. Sin su labor, sería inimaginable la vida en sociedad.

De manera muy especial, expreso mi profunda admiración a toda la planta docente de nuestra Institución, por las loables muestras de apertura, flexibilidad y compromiso en la vertiginosa adaptación a la que se han volcado en estos días, para migrar sus programas, contenidos y dinámicas educativas a diversas plataformas virtuales y otras tecnologías comunicativas. Es un orgullo que, ante la crisis sanitaria que nos ha forzado al confinamiento, las y los profesores manifiesten con su actitud y ejemplo que la formación integral de sus estudiantes está por encima de esta grave problemática y es, sin duda, la postura adecuada para responder no sólo a esta pandemia, sino a cualquier reto futuro que debamos enfrentar.

Quiero exhortarlos a que continuemos redoblando nuestros esfuerzos en la ardua tarea de educar con vocación, responsabilidad, ética, integridad y amplio respeto a quienes han puesto su confianza en nosotros. Recordemos que se enseña no sólo con las palabras, sino con nuestros actos; con el trato que damos a quienes nos rodean y con la manera en que nos desenvolvemos dentro y fuera de los espacios educativos. Hoy más que nunca, en estos tiempos de crisis e incertidumbre, debemos renovar nuestros votos y convertirnos en faros que den esperanza y alumbren el camino hacia el restablecimiento de la paz y la prosperidad en nuestro entorno.

Maestras y maestros: le agradezco de nueva cuenta y les extiendo mi más sincera felicitación por su labor docente. Espero que la vida nos permita continuar realizando este noble trabajo por muchos años más y siempre de la mejor manera. Muchas, muchas gracias.

Se Lumen Proferre

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