Universidad Autónoma de Aguascalientes

Divide et Impera

PDF | 46 | Hace 1 mes | 9 agosto, 2019

Francisco Javier Avelar González

Atribuida a Julio César y utilizada por diversos personajes destacados en la historia bélica del mundo -entre ellos Napoleón-, la frase que da título a esta columna sintetiza una estrategia militar y sociopolítica encaminada a restar o incluso nulificar el poder de autodeterminación, defensa y, sobre todo, solidaridad de los pueblos. Su lógica es sencilla: si se fractura el sentido de comunidad en un grupo y en su lugar se insertan posturas irreconciliables, así como miedos y odios que confronten a sus integrantes, estos serán incapaces de ponerse de acuerdo para unirse y trabajar en pro del conjunto. Debilitados por sus rencillas internas, serán presa fácil de cualquier fuerza militar o política organizada que tenga el objetivo de imponer sus propias condiciones de gobierno (para el obvio beneficio del grupo organizado).

Si bien la efectividad de esta estrategia ha demostrado ser muy alta, su aplicación siempre ha implicado faltar a nociones básicas de ética, y su éxito ha entrañado en gran medida la dislocación de conceptos como justicia, derecho y empatía entre los integrantes de las comunidades afectadas. Podría pensarse que, conscientes de lo anterior, las sociedades democráticas contemporáneas habrían extirpado de sus formas válidas de hacer política el uso de técnicas que tuvieran por objetivo sembrar la confrontación y el miedo para desgarrar el tejido social; pero algunos hechos recientes -ocurridos en varios países del mundo- revelan que no ha sido así.

Con respecto a los enfrentamientos políticos dentro de un sistema democrático, cabe aclarar que ante cualquier problema de interés público siempre habrá posturas alternativas, paralelas o francamente opuestas sobre cómo debe ser resuelto. En esos casos el disenso es inevitable, pero también necesario, porque impulsa a desarrollar razonamientos sólidos en búsqueda de una solución viable y además benéfica para el mayor número de integrantes de la comunidad. Así, la democracia trabaja en un campo de confrontaciones solidarias, cuyo fin último es el bienestar comunitario y el fortalecimiento de la justicia, la razón, la libertad y la cohesión social. En cambio, el principio de “divide y vencerás” encierra en su misma naturaleza la intención de la ruptura y el sometimiento. Ahí difícilmente puede hablarse de justicia, libertad y cohesión. Si pensamos además que la división se logra mediante el engaño y/o la promoción del temor y el rechazo a los otros, es claro que tampoco podemos hablar del fortalecimiento de la razón.

Decíamos que, contrario a lo que uno esperaría de las sociedades democráticas contemporáneas, los hechos nos han mostrado que se siguen aplicando técnicas de mal-información y desinformación para generar divisiones o confrontaciones, que al final puedan ser capitalizadas mediante la manipulación de la preferencia electoral. Quiero hablar de dos ejemplos especialmente claros y abrumadores, recuperados y publicados hace unas semanas en un excelente trabajo audiovisual producido por la plataforma de Netflix. El documental, que lleva por título “Nada es privado”, da cuenta del referéndum llevado a cabo en el Reino Unido en 2016, en el cual se determinó su separación de la Unión Europea (UE); asimismo, aborda el caso de las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Este par de fenómenos electorales llamaron la atención del mundo por sus resultados completamente contraintuitivos: se esperaba que los ingleses decidieran quedarse dentro de la Unión Europea, porque esto les representaba un número no menor de ventajas económicas, sociales y políticas; y se esperaba también que los norteamericanos votaran por Hillary Clinton o, para ser más exactos, que no votaran por Donald Trump, cuya forma de ser, propuestas y declaraciones públicas eran (son) alarmantes y dañinas tanto para diversas sociedades extranjeras, como para gran parte de la comunidad norteamericana.

Los fenómenos referidos tienen en común haber causado la sorpresa y consternación del mundo occidental; pero también haber sido propiciados por una misma empresa de análisis de datos y comunicación estratégica, llamada Cambridge Analytica. El trabajo de esta compañía consistió en aplicar su propia variante del concepto de “divide y vencerás” para cargar la balanza del electorado en favor de sus clientes: Donald Trump, en Estados Unidos y, en el Reino Unido, el grupo de políticos y empresarios (de origen incierto) que deseaban se concretase el Brexit (o Britain Exit).

El sistema de trabajo usado por aquella empresa consistió en extraer los datos personales, deseos, rutinas, opiniones, preferencias, ideologías, etc., de millones de usuarios de Facebook de Gran Bretaña y de Estados Unidos (dependiendo de la campaña en la que estuvieran trabajando). Con dichos datos, la empresa trazó una suerte de perfil psicológico y sociopolítico para cada usuario analizado y, a partir de ahí, ayudó a diseñar y esparcir -de nueva cuenta a través de Facebook- campañas publicitarias, fakenews y eslóganes dirigidos específicamente a las poblaciones más influenciables o políticamente indecisas. Va un ejemplo para el caso del Brexit:

Después de un arduo trabajo de investigación, la periodista galesa Carole Cadwalladr publicó en “El Observador” una prueba de cómo funcionaba la manipulación del electorado: en las redes sociales de los habitantes de Ebbw Vale (ciudad ubicada al sur de Gales) se distribuyeron noticias falsas sobre la inminente integración de Turquía al Mercomún Europeo y sobre una súbita invasión de inmigrantes de Europa del Este y de la Asia Occidental a sus tierras. Además, se bombardeó a estos ciudadanos con la idea de que, por su pertenencia a la UE, ellos no tenían ningún poder de decisión sobre lo que pasaba en su propio territorio; finalmente, se les saturó de afiches digitales en los que se hacía una conexión semántica entre los términos de “inmigración” e “invasión”, así como entre ésta última y “terrorismo”…

Cabe destacar que Ebbw Vale había sido una de las ciudades más beneficiadas por la pertenencia al pacto de países europeos: de ser un lugar prácticamente devastado por el cierre de sus minas de carbón hace décadas, se convirtió en un hermoso lugar para vivir, en el que la UE invirtió más de 500 millones de euros (para universidades, centros deportivos, caminos y puentes). Cabe destacar también que la inmigración aquí era y es prácticamente nula. A pesar de lo anterior, el 62% de sus ciudadanos votaron por salir de la unión internacional. La decisión, motivada por el miedo irracional a un escenario inexistente y por la proliferación de una especie de rencor contra un sistema comunitario que no hizo otra cosa que beneficiarles, no sólo los perjudica a ellos y a todo el Reino Unido, sino que también le resta fuerza a la UE por la pérdida de un aliado poderoso. Es claro que -aunque no lo expresen abiertamente- hay empresarios y políticos de diversos países que deseaban este doble debilitamiento, para mejorar su posición u obtener beneficios económicos. Divide y vencerás…

(Por cuestiones de espacio, corto aquí con esta participación y la retomo desde este punto en mi siguiente entrega. ¡Nos vemos la próxima semana!)

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