Universidad Autónoma de Aguascalientes

Dolores Castro: “un jazmín cuyo perfume día y noche palpita”

PDF | 556 | Hace 1 año | 16 abril, 2021

Francisco Javier Avelar González

Hace dos semanas dedicamos esta columna a la conmemoración de uno de los más grandes poetas mexicanos -Octavio Paz- con motivo del aniversario de su natalicio. En esta ocasión haremos lo propio con otra enorme escritora, nacida el 12 de abril de 1923 en Aguascalientes: Dolores Castro Varela.

Poeta, narradora, ensayista, crítica literaria y docente, la “maestra Lolita” es un referente de la literatura nacional del siglo XX; una institución en sí misma y un ejemplo también de humildad y compromiso con la vocación y el humanismo. Por eso, aunque no pretendió la fama ni el reconocimiento a través de certámenes literarios, su incansable labor como escritora, docente y divulgadora de las letras, le ha valido diversos reconocimientos a su trayectoria, de la talla del Premio Nacional de Ciencias y Artes, el Premio Nacional de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, el Premio Nezahualcóyotl (compartido con José Emilio Pacheco) y el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde.

Este último reconocimiento me hace pensar en las similitudes de la oriunda de Aguascalientes con el poeta jerezano: en la poesía de ambos destaca una atmósfera de “tierra adentro”, de una provincia con sabor a llanura, viento, sol y polvo; pero también a sombra y paz; al cántaro, los árboles, las huertas, el agua de los pozos y los azulejos de las espaciosas casas de antaño, que muchos conocimos en nuestra infancia. Por supuesto, cada uno de los dos poetas resolvió en un modo y una expresión léxica muy distinta su manera de mirar el mundo y recordar las mismas geografías.

Ya sabemos de la profusión, el precioso desbordamiento léxico de López Velarde, así como de la fatal pugna entre su fe y sus apetitos; en cambio en Castro Varela siento -disculpen la apreciación personal- una versificación más contenida y un tono a veces cerca de lo áspero, pero que siempre arroja una suerte de sosiego, empatía humanista y dulzura: una forma de mirar sumamente entrañable. Cito un par de poemas de la maestra como ejemplo (de acuerdo con los usos de la citación de poemas en espacios reducidos, marco con una o dos diagonales inclinadas, los cambios de verso y de estrofa, respectivamente):

“Topos, Luciérnagas

Escucho los pasos, / el ritmo de sus botas sobre las gastadas / losas de cantera, // olía / la estela que iba dejando / el tufo de consumidas / lámparas de carburo, / oía / su tos, sus toses // su ola de murmullos / en cotidiano / perseguir la carrera / de un relámpago / bajo entrañas oscuras. // No el canto del gallo, / la caminata de los mineros / rompe la noche / desencadenando / la luz del alba.”

“Estrella de la casa (Fragmento)

La casa de la estrella: zaguán y patio grande con naranjos, / una acacia, un jazmín cuyo perfume día y noche palpita: / cocina con sagrados alimentos / compartidos. // Buenos días tengan sus mercedes. / Buenos días les dé Dios. / La casa de la estrella se ilumina: // Hervidero de pasos menudos, gritos, risas, / canto de pájaros y balbuceo de viejos acogidos / al calor del hogar.”

En otro orden de ideas, pero sin abandonar el tema de las similitudes: así como al poeta de Jerez lo consideramos un poquito como de casa, porque vivió en Aguascalientes durante años medulares para su formación, a Dolores Castro la tenemos por hidrocálida de cepa, aunque haya radicado prácticamente toda su vida en otros sitios.

De nuevo, en esa pugna amistosa y multifacética con los zacatecanos (que quizás venimos arrastrando a partir de aquel legendario e improbable beso que nos convirtió en Estado, independiente de Zacatecas), nuestros vecinos consideran a la maestra Lolita como una artista de sus tierras… Lo cierto es que sus letras pueden tocarnos y representarnos a todos, y los distintos lugares de residencia y de estudio que ha tenido a lo largo de su vida nos hablan de una ciudadana hecha en la trashumancia (aun con su corazón bien arraigado en las llanuras del centro del país).

Disputas aparte, aquí la honramos como se honra a nuestros ciudadanos ilustres: lleva su nombre la librería del Fondo de Cultura Económica ubicada en el corazón de la ciudad, al igual que la Cátedra del Departamento de Letras de la UAA; también Municipio ha hecho lo propio al contar con un premio de literatura con su nombre. No es para menos, si entendemos que se trata de una escritora a la altura de Rosario Castellanos (quien fuera, por cierto, una de sus mejores amigas desde que cursaban la secundaria), y, sobre todo, si vemos en su vida un ejemplo a seguir de amor a la palabra, generosidad y humanismo…

¡Muchas felicidades a la maestra Dolores Castro, por sus 97 años de vida, y por el hermoso legado de sus letras!

Post scriptum: en las breves líneas que me quedan, quiero felicitar por este medio a otro enorme ser humano, ejemplo de generosidad y humanismo, y quien también ha dedicado gran parte de su vida a la difusión de la cultura, las artes y las letras. Me refiero al Dr. Alfonso Pérez Romo, quien el día de ayer se convirtió en integrante de la Academia Mexicana de la Lengua. Un justo homenaje para su intachable trayectoria, y un motivo de orgullo para la comunidad universitaria. Enhorabuena por este reconocimiento.

¡Nos vemos la próxima semana!

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