Universidad Autónoma de Aguascalientes

El origen de una efeméride (Día Mundial del Libro)

PDF | 123 | Hace 7 meses | 19 abril, 2019

Francisco Javier Avelar González

Los humanos somos seres cuya principal característica es nuestra capacidad de generar signos y cargar de significado todo lo que alcanzamos a tocar con los sentidos, la memoria o la imaginación. Este poder semiótico no sólo nos ha permitido -entre otras cosas- erigir enormes monumentos, crear pinturas impresionantes y construir edificios capaces de cimbrar a cualquiera; también nos ha impulsado a cebarnos en el ejercicio de la investigación y, más aún, de la imaginería lingüística. Así, desde el principio de la historia hemos sido fuentes inagotables de metáforas e historias; confeccionadores de cábalas, dioses, monstruos, mitos y supersticiones. Esto es inevitable, justo porque nuestros mecanismos mentales exigen dar sentido o explicación a todo lo que pasa alrededor nuestro. No toleramos la incertidumbre ni la falta de sentido. Tendemos por ello a creer -y quizá no estamos tan equivocados en esta intuición- que todas las cosas mantienen entre sí una relación secreta, imperceptible para nuestros limitados sentidos, pero indudable.

No sólo en el variopinto eclecticismo gastronómico, artístico y cultural; también en el terreno de nuestras políticas públicas o incluso en la designación oficial de algunas efemérides juega un papel importante el traslape entre razones y ficciones, o la permutación de la casualidad en causalidad. No puede haber coincidencias, ni llamativas repeticiones que sean inocuas: todo dice (debe decir) algo oculto, que espera ser descifrado por nosotros. ¿Ejemplos? Propongo uno ad hoc para las fechas (y, de hecho, uno que ha dado pretexto para la redacción de esta columna en particular): el 23 de abril de 1616 fallecieron los dos -probablemente- más grandes escritores de las dos lenguas con mayor difusión en el planeta. Me refiero a William Shakespeare y Miguel de Cervantes. Si esta coincidencia no nos hace sentir que estamos frente a un extraño mensaje metafísico, recordemos que también el mismo día murió Garcilaso de la Vega, el Inca…

Una jornada tan igual y tan distinta, como el resto de las que han nutrido la historia de la humanidad, de repente se carga de un hálito de magia y de misterio; se convierte en un punto luminoso en medio de la grisura de los días: “debe ser una señal”, pensamos; debe de existir una relación entre esa combinación particular -23 de abril- y las muertes de tres grandes escritores (dos de ellos monumentales; el otro, aunque sin llegar a los niveles del manco de Lepanto y del bardo de Avon, también fue notabilísimo). Trescientos años más tarde, Vicente Clavel propuso en Barcelona fijar aquel día de abril como la fecha por antonomasia de los libros. El simbolismo casi natural de aquel mítico 23 del cuarto mes del año propició que pronto la efeméride comenzase a ser adoptada en diversas naciones, hasta que en 1955 y por gestiones de la Unión Internacional de Editores, la UNESCO determinó que sería una jornada conmemorativa a nivel mundial: el Día del Libro y también de los Derechos de Autor.

La fecha es doblemente significativa: no sólo celebra ese artefacto que nos ha dado acceso a innumerables mundos y conocimientos; también hace un tributo implícito a nuestra capacidad para forjar símbolos, signos cargados de sentido y de un secreto diálogo entre fuerzas invisibles, donde sólo hay casualidades. Así, por donde se le mire, el 23 de abril celebra nuestra potencia cognitiva, pero sobre todo nuestra capacidad de imaginar, de cifrar y descifrar el mundo en nuestros términos (como decía Octavio Paz).

Quiero cerrar este espacio invitando a todos a asistir a una librería o una biblioteca el martes de la próxima semana; a escoger un libro e iniciar su lectura. Si se tienen hijos, puede ser más que una buena idea llevarlos y adentrarlos en el mundo de la palabra escrita o reforzar su interés por la lectura. Celebremos los libros, una de las más grandes creaciones de la humanidad y también la representación de una de nuestras mayores conquistas como especie.

¡Nos vemos la próxima semana!

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