Universidad Autónoma de Aguascalientes

Evaluación y competencia: claves para mejorar la educación formal

PDF | 60 | Hace 2 meses | 18 octubre, 2019

Francisco Javier Avelar González

La columna de esta semana es una transcripción adaptada del mensaje que dirigí el martes a la comunidad universitaria y a los 32 recién egresados de la Universidad Autónoma de Aguascalientes que fueron galardonados por el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (Ceneval), al lograr puntajes de excelencia en el Examen General para el Egreso de Licenciatura (EGEL). Espero que, al compartirlo con ustedes, redunde en una reflexión conjunta sobre el estado de nuestra educación y sus áreas de oportunidad. Sin ninguna otra aclaración por hacer, transcribo aquí el mensaje…

En la segunda mitad del siglo pasado, la educación básica dejó de ser un privilegio de pocos y se convirtió en un derecho para todos; hoy la educación media y superior comienza a vivir una expansión semejante. Sin embargo, el crecimiento exponencial de aspirantes a la educación superior y de profesionistas implicará -como de hecho ya lo hace- la inevitable y ardua competencia por un lugar o un puesto de trabajo especializado; porque estos sólo se multiplican al ritmo de las posibilidades logísticas y las necesidades de las empresas e instituciones en el mundo.

Ante esta dinámica dispar, las instituciones educativas tienen la obligación de mejorar la calidad académica de sus programas y sus egresados, para que estos puedan responder a las exigencias del entorno y a la ascendente tensión competitiva. Un estudiante formado de manera integral no sólo tendrá más oportunidades para ejercer profesionalmente (incluso generando sus propias oportunidades laborales), sino que será factor de cambio positivo en el lugar donde se desenvuelva.

En este contexto, el concepto de ‘evaluación’ adquiere una relevancia prioritaria: es indispensable para calcular el nivel de conocimientos y habilidades de los estudiantes, así como la calidad de los programas educativos. Por ejemplo, gracias a evaluaciones como la prueba del “Programme for International Student Assessment” (mejor conocido como examen PISA, realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), hemos aquilatado que los alumnos de primaria de otras naciones tienen una considerable ventaja académica en comparación con los nuestros. Al vivir en un mundo globalizado, esto nos advierte de un mayor rezago de la ciencia y el desarrollo tecnológico de nuestro país y, por tanto, de nuestra competitividad económica.

En parte para responder a estos problemas, nuestro sistema ha lanzado diversos programas estandarizados de evaluación para cada nivel educativo. Uno fundamental a nivel superior es el Examen EGEL, del Ceneval. Esta prueba, a la par de otras, ha permitido a muchas universidades ajustar sus programas y procesos de enseñanza-aprendizaje… En el caso de la UAA, someternos a evaluaciones externas ha constituido un aliciente para nuestra constante mejoría. Gracias a ello, todas nuestras maestrías y doctorados ofertados forman parte del Programa Nacional de Posgrados de Calidad de Conacyt, y todos nuestros programas de grado evaluables cuentan con el reconocimiento a su calidad por los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES) o por el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (COPAES).

El esfuerzo conjunto de la comunidad universitaria ha derivado también en las altas calificaciones de nuestros egresados en el Examen EGEL Ceneval. El semestre anterior, por ejemplo, 81,670 jóvenes del país presentaron este examen y sólo 1% de los egresados provenientes de universidades públicas consiguió el “Testimonio de Desempeño Sobresaliente” en todas las áreas que componen la prueba. En cambio 2,33% de nuestros estudiantes consiguió este logro, obteniendo por ello el Premio al Desempeño de Excelencia.

Lo anterior habla de nuestro compromiso y nuestra comprensión cabal de que ‘competencia’ y ‘evaluación’ son indispensables en las dinámicas de educación contemporánea. También hace evidente -en mayor medida- la inteligencia, responsabilidad y tenacidad de los 32 estudiantes de esta casa de estudios, que ahora son profesionistas condecorados a nivel nacional. A ellas y ellos les brindamos aquí un merecido homenaje por el trabajo sostenido que constituyó su paso por esta casa de estudios y que, felizmente, culminó con el más alto reconocimiento por parte del Ceneval. Quiero agradecerles por ser la prueba de que el trabajo diario de alumnos, docentes y administrativos no sucede en vano, y de que los informes cuantitativos con que respaldamos nuestro quehacer se traducen en el crecimiento cualitativo y humano de las personas que egresan de esta institución. Es claro que la ecuación sólo es posible y se completa con su entrega personal; con el compromiso que pusieron cada día para ser mejores estudiantes y profesionistas.

A través de este medio, felicito nuevamente a nuestros 32 egresadas y egresados condecorados, por este merecido premio. A su vez, aprovecho este espacio para invitar a los lectores a reflexionar sobre el tipo de educación que queremos, pensando con responsabilidad que vivimos dentro de un mundo globalizado, donde excluirnos de mecanismos de evaluación y competencia de estudiantes y docentes, o del sistema educativo por entero, redundará en la pérdida de oportunidades científicas, laborales, económicas, deportivas y artísticas, con respecto a otras naciones desarrolladas o en vías de desarrollo.

Celebremos pues a nuestros mejores estudiantes y egresados, y apostemos por la educación de calidad. ¡Nos vemos la próxima semana!

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