Universidad Autónoma de Aguascalientes

Herencias y desafíos para los universitarios del siglo XXI

PDF | 51 | Hace 2 meses | 28 junio, 2019

Francisco Javier Avelar González

Junio y julio son, tradicionalmente en nuestro sistema educativo, meses en los que muchos estudiantes de nivel medio y superior en el país concluyen sus estudios y acceden a un certificado de bachillerato, o al anhelado título que los valida como profesionistas o incluso como especialistas a nivel de posgrado. Hace unas semanas, en la Universidad Autónoma de Aguascalientes tuvimos el honor de entregar su certificado de preparatoria a 1,212 jóvenes; además entregamos su título de licenciatura, maestría o doctorado a 1,485 estudiantes de nuestra institución. En el evento simbólico de entrega de títulos de licenciatura y posgrado, compartí con el auditorio una reflexión sobre el mundo que heredan nuestros jóvenes y lo que se espera de ellos en la sociedad. Con algunas mínimas adaptaciones para este espacio, comparto a continuación dicho mensaje con ustedes.

Muy a nuestro pesar, las generaciones que estamos por ceder la estafeta en la construcción y conducción de la sociedad, heredaremos a los jóvenes uno de los retos más grandes a los que se ha enfrentado la humanidad. De acuerdo con datos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, nos quedan poco más de 12 años para prevenir una catástrofe ecológica de alcances globales. Sumado a lo anterior, nos encontramos en una etapa de la historia en que las diferencias políticas, territoriales, económicas y religiosas parecen seguir encontrando en las confrontaciones verbales, comerciales e incluso en las armas, las opciones más socorridas para desahogarse. Han vuelto -o se han agravado- ciertos radicalismos discursivos, las polarizaciones ideológicas y la incomprensión entre nosotros…

Así, reitero, estamos por heredar a los jóvenes un planeta en el que los errores y omisiones acumuladas de varias generaciones hoy se presentan como el más grande desafío de la sociedad contemporánea: el reto de una hidra cuyas cabezas también se multiplican y ya no pueden cortarse con el talento individual de un solo Heracles posmoderno. Superar esta prueba requiere de un enorme esfuerzo conjunto, inteligente, comprometido y organizado.

Pero en este reto, los jóvenes no irán solos ni desarmados… Porque la historia de la humanidad también ha sido una historia de aciertos importantes, que incluye la generación de conocimientos, la promulgación de leyes en pro de la equidad y la justicia, y el desarrollo de instituciones que se han erigido como fortalezas y repositorios de valores; las nuevas generaciones tienen a su disposición los elementos sociales, tecnológicos, científicos, legislativos y culturales necesarios para corregir el rumbo ahí donde haga falta, y para apuntalar los aciertos de quienes les han precedido.

Uno de estos baluartes es, sin ninguna duda, la educación universitaria. El humanismo, la democracia, los avances científicos y tecnológicos, y la promoción de causas ecológicas y sociales justas no podrían comprenderse sin el sistema de educación académica que nuestras sociedades han construido y afinado a lo largo de varios siglos. Así, el título universitario que reciben los egresados de los institutos de educación superior, refrenda que adquirieron un cúmulo de conocimientos técnicos, así como un racimo de herramientas intelectuales y valores que les permitirán comprender a cabalidad las necesidades de su entorno, para buscarles solución; refrenda también su inteligencia para dialogar de manera crítica, pero propositiva, buscando la concordia y no el denuesto; refrenda, finalmente, su capacidad colaborativa, para organizarse y trabajar de manera conjunta en pro de cualquier objetivo que se propongan.

El título que recibe cualquier egresado universitario en México lo coloca en lo más alto de la pirámide académica del país: forma parte del 17% de mexicanos con licenciatura, o del 1% con estudios de posgrado… Esto no sólo los convierte -de una u otra forma- en líderes y modelos a seguir, sino que -sobre todo- los compromete a dar mucho más de sí mismos que el resto de la población. Este compromiso, esta responsabilidad adquirida es irrenunciable, porque a quien más se le da, también se le deben de pedir mayores resultados. El compromiso es aún mayor si realizaron sus estudios superiores en un sistema de educación público, mayoritariamente financiado por la sociedad.

Al recibir su grado, todo graduado de pregrado o posgrado acepta esta responsabilidad y este desafío. Como licenciados o ingenieros, como especialistas, maestros o doctores, su quehacer profesional no sólo debe de buscar el bienestar propio, sino también de quienes les rodean y, en última instancia, del planeta entero. Nuestras acciones deben de ir encaminadas a disminuir la distancia entre los polos ideológicos y las brechas de desigualdad; deben apostar por el respeto a la pluralidad, por la consecución de leyes y dinámicas justas para todos, y por contribuir a que cada uno de los integrantes de nuestra sociedad tenga oportunidades para vivir dignamente. También -y tal vez como nunca antes- cada una de nuestras decisiones individuales y colectivas debe estar situada en un marco de genuino y urgente respeto a la naturaleza.

Jóvenes egresados: una etapa importante de su formación ha concluido; pero su camino apenas inicia. El llamado a sumarse a los esfuerzos por construir mejores sociedades no debe ser ignorado, porque de la respuesta, del aporte comprometido de cada uno de nosotros, depende el destino de toda nuestra comunidad. Reflexionemos en esto, a partir de la frase pronunciada hace algunas décadas por John F. Kennedy: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país”… No preguntemos qué nos dará el mundo, porque ése no fue el motivo por el que decidimos continuar con nuestra preparación académica. Preguntémonos en cambio cómo podemos ayudar a construir un mejor planeta, usando los conocimientos, las habilidades y los valores adquiridos en la Universidad.

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