Universidad Autónoma de Aguascalientes

La importancia de (comprender) los actos cívicos

PDF | 157 | Hace 2 meses | 25 octubre, 2019

Francisco Javier Avelar González

El lunes de esta semana, en el Campus Sur de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, realizamos Honores a la Bandera Nacional. Ahí tuvimos la oportunidad de reflexionar sobre el significado de este tipo de ceremonias y su importancia como generadores de ciudadanía; así como del papel que juegan las instituciones educativas del país, con respecto a este tema. Transcribo aquí el mensaje que dirigí a la comunidad en dicha ocasión, deseando que desde esta plataforma puedan sumarse a la reflexión y el diálogo propuestos. Espero que les sea útil y grata la lectura:

La razón de ser de los actos cívicos es la construcción de colectividad. Son herederos de los rituales identitarios que existen en todas las culturas, pero con una diferencia considerable: mientras muchos rituales suelen volverse herméticos conforme crece su sacralidad y su carga simbólica, convirtiéndose en sucesos que dividen a una sociedad entre iniciados y no iniciados (donde estos últimos pierden nociones sobre la motivación y el significado de sus símbolos); en los actos cívicos prevalece el afán por transparentar los motivos que los sustentan: no se trata de ejercicios de fe ciega, sino de difusión y pervivencia de la memoria colectiva, en aras de conseguir y mantener la cohesión social. Por ello, su realización se asocia a una responsabilidad educativa.

Para ilustrar lo anterior, pensemos en nuestro calendario de efemérides o en los honores que se rinden a la Bandera. En el primer caso, se sabe que durante la Independencia se elaboró nuestro primer calendario cívico nacionalista. Con él se buscaba brindar al pueblo mexicano razones para luchar por una identidad propia. El objetivo era formar una idea de nación, a través de un conjunto de razones históricas y culturales que nos hiciesen reflexionar qué nos hacía distintos de los españoles, y por qué era necesario consolidar nuestra integración y separarnos política y socialmente de otras naciones.

Con respecto a la ceremonia de Honores a la Bandera -particularmente la que llevamos a cabo los lunes- se trata de una iniciativa del gobierno federal, que en 1981 decretó que este día todas las escuelas de educación básica debían sumarse -mediante este acto- al esfuerzo por formar a los estudiantes en valores cívicos… Hay una base honda que sustenta a este decreto: nuestra Carta Magna, que en el tercer párrafo de su artículo tercero establece lo siguiente:

“La educación se basará en el respeto irrestricto de la dignidad de las personas, con un enfoque de derechos humanos y de igualdad sustantiva. Tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a todos los derechos, las libertades, la cultura de paz y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia; promoverá la honestidad, los valores y la mejora continua del proceso de enseñanza aprendizaje.”

En este mensaje he querido referirme a lo anterior para recordarnos la motivación profunda de los actos cívicos, pues para algunos empiezan a sentirse como eventos carentes de sentido. Si permitimos que estos sucesos se vuelvan oscuros en su significado e inocuos en su trascendencia, corremos el riesgo de olvidar su razón de ser. Así, las instituciones de educación perderían un momento idóneo para cumplir con sus deberes de vinculación social y de formación en valores…

No está de más recordar que hoy se perciben en nuestro país muestras graves de fractura y una creciente disolución de solidaridad, visible en la exacerbación de radicalizaciones ideológicas, en la negación de derechos humanos y en la pérdida de paz y seguridad… Es claro que no hay fraternidad ni amor a la patria en la corrupción, el crimen, la promoción del odio, la injusticia y la impunidad.

En este sentido, las instituciones educativas -responsables directas no sólo de la instrucción académica, sino de la educación en el civismo y los derechos humanos- debemos redoblar nuestros esfuerzos para que los actos cívicos no se conviertan en rituales automatizados, herméticos e inocuos para nuestros jóvenes; sino que sean genuinos momentos formativos, en los que se insufle -como decreta el artículo tercero de nuestra Constitución Política- amor a la patria y, sobre todo, respeto a los Derechos Humanos y conciencia de solidaridad.

Más que de una unidad o nacionalismo romantizado, se trata de construir uno pragmático y plural, erigido sobre el humanismo, la ética y la racionalidad. Asumamos este deber y honremos a nuestra Bandera generando una mejor ciudadanía. ¡Nos vemos la próxima semana!

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