Universidad Autónoma de Aguascalientes

La utopía del desarrollo sustentable (segunda entrega)

PDF | 143 | Hace 5 meses | 14 junio, 2019

Francisco Javier Avelar González

La semana anterior presenté la primera parte de un texto en el que muestro algunos de los problemas medioambientales más graves que estamos enfrentando y me sumo a las voces de la comunidad científica y de asociaciones ecologistas, que insisten en la necesidad de tomar medidas urgentes y decididas para revertir esta situación. Hoy presento la segunda parte de dicho texto:

A escala mundial, debido a prácticas intensivas no sustentables de agricultura, pastoreo y deforestación, para 1995 ya se había perdido por desertificación una superficie de suelo comparable a la Antártida. De acuerdo con datos de Naciones Unidas, actualmente alrededor de 1,500 millones de personas viven en regiones desertificadas o en proceso de desertificación (el 24% de los suelos del planeta se está degradando). Esta situación genera severas hambrunas e inmigraciones masivas.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, de 1990 a 2015 se perdieron 129 millones de hectáreas de bosques (lo equivalente a la superficie de todo Sudáfrica). Simultáneamente, la sobreexplotación de la tierra, así como la urbanización, construcción y las actividades industriales están provocando que anualmente se pierdan 24,000 millones de toneladas de suelo fértil.

Cerca de la mitad de las extinciones documentadas en los últimos tres siglos ocurrieron en la primera década de este siglo. Se estima que la tasa actual de extinción de especies por actividades humanas es más de 10 veces mayor que la derivada de los procesos de selección natural.

A escala global, en los últimos 50 años la extracción de agua se quintuplicó (de acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, de seguir así, para 2025 la mitad de la población mundial vivirá en zonas con escasez de agua). Este nivel de explotación ha conducido al abatimiento y contaminación de incontables cuerpos de agua, ha recrudecido la escasez del recurso en numerosas regiones del mundo, ha provocado la pérdida de muchos de los hábitats acuáticos más productivos del planeta, y ha exacerbado severos problemas de salud pública. La escasez de agua incide directamente sobre tres aspectos fundamentales del bienestar humano: la producción de alimentos, la salud y la estabilidad política y social.

Con respecto a la salud pública, la OMS ha informado que al menos 2000 millones de personas se abastecen de una fuente de agua contaminada por eses y 844 millones carecen de un servicio básico de suministro de agua potable. Lo anterior genera una tasa de mortandad -relacionada con la escasez o contaminación del agua- de 4 millones de muertes anuales.

En los últimos años, el Producto Interno Bruto (PIB) ha crecido a un ritmo sostenido (de acuerdo con un reporte de Naciones Unidas, el promedio mundial de crecimiento en 2017 y 2018 fue de entre 2,2% y 3,1%, y hubo economías, sobre todo de Asia Oriental y Meridional, que llegaron a crecer hasta un 5,8%). Sin embargo, esto no se ha reflejado en el nivel de vida promedio de muchas personas, ni en una significativa reducción de las brechas de desigualdad económica.

El Foro Económico Mundial informó que en 2017 cinco naciones del mundo concentraron el 53,4% del PIB mundial: Estados Unidos (24,3%), China (14,8%), Japón (5,9%), Alemania (4,5%) y Reino Unido (3,9%). El mismo año, se contabilizaron 700 millones de personas viviendo en el umbral de pobreza extrema; mientras ocho personas (sí: sólo ocho personas) acumularon en sus cuentas más dinero que la mitad de la población de todo el mundo. Además, y de acuerdo con informes de la OXFAM, el 82% de la riqueza mundial generada en dicho año se fue directo a las manos de sólo el 1% de la población. Finalmente, y de acuerdo con la UNICEF, se estima que 151,6 millones de niños están sometidos a condiciones de esclavitud. En síntesis, el producto de la irracional e insostenible depredación actual de los recursos del planeta es acaparado por un porcentaje minúsculo de la humanidad.

Además de su carácter intrínsecamente no sustentable, el “modelo de civilización” actual enfrenta severos problemas sociales e inquietantes dilemas éticos. ¿En cuánto debe cotizarse la preservación para las siguientes generaciones de un recurso esencial no renovable? En tanto la Economía fracase en asignar un precio justo al Futuro, el Desarrollo Sustentable será tan sólo una utopía.

A fin de aspirar a un verdadero Desarrollo Sustentable, será necesario controlar el crecimiento poblacional, redefinir el sentido de la producción (de bienes de consumo a satisfactores reales), reducir al mínimo el carácter superfluo del modo de vida vigente, reconceptualizar la relación entre la Naturaleza y las sociedades humanas, y disminuir las enormes desigualdades sociales. Parafraseando al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, estas medidas implican, sin duda, adoptar un “nuevo modelo de civilización”.

En el arduo y desconocido camino para construir un “nuevo modelo de civilización” -que tan urgentemente necesitamos a fin de impulsar los enormes cambios culturales que implica adoptar un modo de vida radicalmente distinto- la educación y la reflexión sobre la problemática ambiental constituyen un primer paso en firme.

Concluyo citando a Gandhi: “La Tierra tiene suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no para saciar la codicia de algunas personas”.

Nos vemos la próxima semana.

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