Universidad Autónoma de Aguascalientes

¿Qué miramos cuando miramos la Bandera?

PDF | 474 | Hace 2 años | 28 febrero, 2020

Francisco Javier Avelar González

El lunes de esta semana conmemoramos uno de nuestros tres símbolos patrios: la Bandera Nacional. Para celebrar la efeméride, en la Universidad Autónoma de Aguascalientes realizamos un acto cívico de Honores, en el cual tuvimos la oportunidad de reflexionar sobre el significado no sólo de la fecha, sino también del significado que tiene para nuestro país este estandarte que nos representa. A continuación, comparto en este espacio las palabras que dirigí a la comunidad universitaria en dicha ocasión, esperando extender la reflexión con todos ustedes…

Desde el estandarte presentado por Miguel Hidalgo, en aquella histórica noche de Dolores, cuando comenzó a fraguarse la integración de nuestro territorio como país independiente, hasta la actual versión de nuestra bandera, diseñada en 1968 por Pedro Moctezuma Díaz Infante y Francisco Eppens Helguera, nuestro lábaro patrio ha experimentado más de una decena de modificaciones en sus formas, colores y figuras. Cada cambio, aunque sea menor, ha pretendido reflejar un ajuste en los elementos simbólicos que nos dan significado como nación.

Indirectamente, estas modificaciones no sólo dan cuenta de algunas de las ideas identitarias colectivas, propuestas por diversos gobiernos que hemos tenido a lo largo de la historia; también nos dan la oportunidad de vislumbrar las sucesivas transformaciones políticas y sociales de México. Si desde 1968 no ha habido nuevos cambios, es porque la versión vigente de nuestra bandera parece haber encontrado su, hasta ahora, mejor potencial significativo:

En el escudo se cifra la historia mítica de nuestras primeras raíces: la leyenda de la fundación de México Tenochtitlan. También se retrata el establecimiento y desarrollo de los aztecas en dicho territorio (de ahí, la imagen del agua que representa el lago de Texcoco, y de la chinampa debajo del nopal); la división política actual de nuestro país (por eso en los nopales se contabilizan 32 espinas); el carácter con respecto a la defensa de nuestra independencia y soberanía (representado en la posición combativa del águila); y nuestras victorias sobre los enemigos extranjeros (por ello las ramas de encino y de laurel)…

Los colores de la bandera también significan. Cuando originalmente fueron planteados por Agustín de Iturbide, simbolizaban la religión, la unión y la independencia. Actualmente, por respeto a la pluralidad, el laicismo del Estado y la memoria del país, estos significados han cambiado. En general, el consenso indica que el verde representa la esperanza; el blanco, la unidad; y el rojo, el enorme costo en vidas que hemos pagado en la construcción de nuestra república.

En un ejercicio cívico necesario, el 24 de febrero no sólo debemos recordar que en 1940 el presidente Lázaro Cárdenas declaró esta fecha como la efeméride oficial de nuestra Bandera, y que en un día como ése, pero de 1821, todas las fuerzas independentistas se unieron bajo el comando de Iturbide, para constituir el ejército de las tres garantías, de la nueva nación independiente… Es preciso reflexionar -a partir de este símbolo- sobre qué significa habitar el territorio mexicano y compartirlo.

La Bandera de México debe servirnos, por ejemplo, como un perpetuo recordatorio de cuáles son nuestras raíces. Y eso debe contrastarse con la observación de la realidad que viven las comunidades indígenas. No podemos ser ciegos ni indiferentes a sus precarias condiciones de vida; a la desigualdad histórica en las que como sociedad las hemos mantenido, ni al proceso de extinción que están viviendo como comunidades, con la consecuente pérdida de diversidad lingüística, cultural y artística que esto conlleva.

Esta fecha también debe llamarnos a pensar en la unidad como un valor indispensable para conseguir paz y cohesión social. No se malentienda: unirnos no significa homogeneizarnos; se trata en cambio de entender que podemos ser -y somos- diferentes entre nosotros; que podemos pensar y creer en cosas distintas, sin que ello nos convierta en enemigos. Unirnos significa poner por encima de nuestras diferencias el respeto, la concordia y la solidaridad.

Finalmente, debemos tener presente cuántos sacrificios y vidas nos costó allanar el camino para la construcción de una república plural, soberana y democrática, con instituciones sólidas, y en donde la educación, la salud y los servicios básicos como energía eléctrica, agua potable, alcantarillado y caminos pavimentados, no son excepciones destinadas a unos cuantos, sino beneficios de los que goza la mayoría de la población.

En tiempos como los que nos ha tocado vivir, cuando la zozobra y las fracturas sociales van ganando territorio, debemos resarcir la esperanza, recordando qué nos hermana y por qué vale la pena buscar la conciliación, la hermandad en la diversidad y la recuperación absoluta de la paz. Al mirar nuestra bandera, recordemos que a México lo hacemos todos.

¡Nos vemos la próxima semana!

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