Universidad Autónoma de Aguascalientes

Un apunte en torno a los recientes brotes de sarampión en el mundo

PDF | 93 | Hace 5 meses | 12 abril, 2019

Francisco Javier Avelar González

El día de ayer, en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dio comienzo a las actividades del VIII Congreso Internacional de Estudiantes de Medicina. Por motivos de agenda, me fue imposible acompañar a nuestros futuros médicos al evento inaugural; pero a través del Dr. Jorge Prieto Macías, decano del Centro de Ciencias de la Salud, hice llegar a los participantes un breve mensaje de bienvenida y reflexión. Dada la vigencia e importancia del tema abordado en el mensaje, quisiera -como ya es costumbre en ocasiones de este tipo- compartirlo con todos ustedes. Sin más preámbulo, lo transcribo en las siguientes líneas:

En 2016, gracias a los esfuerzos de gobiernos y organismos internacionales, Europa logró un récord en su camino hacia la erradicación del sarampión. Dicho año sólo aparecieron 5 mil casos de infectados en todo el Continente. En México, las campañas de Salud Pública habían conseguido incluso mejores resultados: desde 1996 no se tenía registro de ningún caso autóctono de personas infectadas por esta enfermedad potencialmente letal y muy contagiosa (la Organización Mundial de la Salud estima que entre 2000 y 2016, de no ser por las vacunas, este virus hubiera matado a 21 millones de personas).

Las alentadoras estadísticas daban buenas razones para creer que la ciencia y la administración pública estaban a punto de ganar una de las batallas más importantes de la historia en contra de los virus… Por desgracia, en 1998 la prestigiosa revista científica The Lancet aceptó y publicó un artículo que, sin el rigor suficiente y sustentado en datos engañosos, aseguraba la existencia de una relación causal entre la vacuna del sarampión y el autismo. Esto provocó que, en menos de 20 años, proliferaran grupos de padres y madres de familia decididos a no vacunar a sus hijos.

Lo anterior, sumado a la extrema precariedad e insalubridad de algunos países europeos en guerra, y a las tibias campañas de vacunación en otras naciones, trajeron consecuencias lamentables: sólo en el primer semestre de 2018 se presentaron 41 mil casos de sarampión en dicho continente… Las tecnologías comunicativas y los viajes transatlánticos colaboraron en la trasmisión del mal a otras latitudes y, antes de que pudieran tomarse medidas de prevención, comenzaron a aparecer en América teorías antivacunas y portadores del virus…

Se ha hablado mucho de la culpa de los grupos antivacunas, pero poco de la responsabilidad de los autores del artículo mencionado, de la exclusión social en diversos países europeos y del exceso de confianza en las naciones que realizaron programas deficientes de vacunación. Ante un problema multifactorial de salud de tanto alcance, es necesario observar el fenómeno desde una perspectiva más amplia y profunda; se necesita un análisis mediante el cual elucidemos posibles responsabilidades compartidas o, al menos, desde donde podamos extraer una lección aplicable a nuestro contexto.

Por ejemplo, como integrantes de una comunidad universitaria -y en el caso de los doctores, como un sector que desea dedicarse a buscar la cura para diversas enfermedades, y a aplicar tratamientos para combatirlas- debemos estar al tanto de qué errores médicos y de la administración pública coadyuvaron para generar la potencial crisis de salud que vive Europa, que ahora mismo azota a Estados Unidos y que puede replicarse en nuestras tierras. Entre dichos errores, debemos tomar en cuenta la publicación y difusión del polémico artículo, así como las omisiones institucionales por las que no se advirtió a tiempo que la gente paulatinamente estaba dejando de vacunarse.

Poner el foco de atención en estos hechos puede servirnos para analizar nuestras propias dinámicas como estudiantes y profesionistas: ¿Caemos en actitudes de superioridad, de negligencia, de falta de rigor, omisión o autocomplacencia? Cada uno sabrá en qué falla y cómo puede trabajar personalmente para mejorarlo.

Al inaugurar el Octavo Congreso Internacional de Estudiantes de Medicina, los invito a hacer una reflexión conjunta sobre las implicaciones que conlleva dedicarse a la Medicina, que va más allá del estudio del organismo y del tratamiento de individuos como entes aislados: de una u otra forma, el trato que da un médico a sus pacientes, así como las decisiones que toma o incluso la rigurosidad y el profesionalismo con que realiza sus estudios y su trabajo, impactan para bien o para mal en racimos de personas; desde el paciente y sus familiares o vecinos, hasta ciudades, países o continentes enteros…

Estoy seguro de que nuestros estudiantes y médicos tienen conciencia de ello, y que uno de los objetivos principales de realizar congresos como el ahora mencionado es aumentar sus oportunidades de formación integral y actualización profesional. Los felicito por ello y los conmino a que no abandonen ese espíritu, esa búsqueda de conocimiento, y la responsabilidad y ética propias de un buen médico.

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