Universidad Autónoma de Aguascalientes

Un apunte sobre la inclusión, a propósito del “Día Internacional de las Personas con Discapacidad”

PDF | 183 | Hace 6 meses | 3 diciembre, 2021

Francisco Javier Avelar González

Quisiera poder decir que, hasta hace no mucho, el diseño de las urbes, así como de las empresas y los mismos sistemas educativos, no consideraba en absoluto a las personas con alguna discapacidad; y agregar a lo anterior que la situación actual es diametralmente opuesta, porque hoy nuestra conciencia social ha servido para algo más que ser activistas de sofá y redes digitales… Pero lo cierto es que, al menos en lo que respecta a este tema, los esfuerzos por la inclusión siguen siendo pocos e insuficientes.

En general, en nuestras ciudades aún prevalecen los diseños urbanísticos, las estructuras y las prácticas que segregan a las personas que carecen de uno o varios de sus sentidos o extremidades, o que presentan dificultades en su desenvolvimiento cotidiano debido a problemas psicomotrices o neuronales. Algunas calles y avenidas, algunos espacios públicos y privados han integrado sistemas de alerta sonoros para el paso de invidentes, rampas y elevadores para quienes andan en silla de ruedas o tienen dificultades para caminar, e incluso mecanismos para proveer de información a personas con problemas de audición (por ejemplo, traductores o videograbaciones con lengua de señas). Sin embargo, este tipo de cambios no representan aún la norma. Cabe decir, además, que siguen persistiendo los ambientes laborales, recreativos, educativos y sociales con tendencias de exclusión o, al menos, de falta de consideración hacia las personas con alguna discapacidad.

Pareciera que por “inclusión” hemos entendido solamente la generación de espacios especializados para atender, dar servicio y rehabilitar -cuando es posible- a las personas con alguna problemática física, motora o neuronal y, aunque en efecto este tipo de espacios eran y son sumamente necesarios, restringirnos a la idea de que con ellos ya hemos entrado al paradigma del mundo incluyente es caer en un peligroso error que -lejos de formar ciudades y ciudadanías más amables y que den oportunidades de desarrollo a todos- consolida los sistemas de exclusión y capacitismo. Además, esto podría llevar a las personas a pensar que su empatía y su responsabilidad social queda validada con alguna donación o servicio comunitario esporádico (por ejemplo, durante la colecta del Teletón) y un comentario en su muro de Facebook.

Por supuesto que siempre es loable participar en cualquier campaña de servicio o de donación en favor de toda persona que necesite apoyo (muchas instituciones o iniciativas de ayuda no sobrevivirían si la ciudadanía decidiera no colaborar); pero no debemos permitir que esos actos concretos (y a veces esporádicos) de generosidad, se conviertan en blanqueadores, disculpadores o apaciguadores de nuestra conciencia. Debemos entender en cambio que las donaciones -aunque absolutamente necesarias en el mundo en que vivimos- son una suerte de paliativos o soluciones temporales, útiles para ganar un poco de tiempo mientras nos enfocamos de manera continua y permanente en el diseño y la aplicación de políticas tales que, en un futuro, las personas vulnerables, necesitadas o excluidas constituyan casos de excepción.

Puede decirse, con respecto a esto último, que estamos pecando de idealistas al imponernos tal objetivo. Quizás sea cierto, pero nada nos exime de buscar acercarnos con mayor decisión a la justicia, la equidad y la inclusión ideal. En lo posible, debemos construir casas, edificios, calles, parques, estadios y lugares de estudio y de trabajo donde todo el mundo pueda participar con naturalidad, desde sus propios intereses, capacidades y facultades; debemos diseñar políticas y dinámicas de interacción en todos los ambientes sociales, que permitan a las personas con alguna discapacidad sentirse integradas y plenamente valoradas, en lugar de vistas con lástima o con esa incómoda condescendencia disfrazada de empatía…

Hoy, 3 de diciembre, se celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, efeméride que, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, tiene el propósito de “ayudar a entender las cuestiones relacionadas con la discapacidad, los derechos de las personas con discapacidad y los beneficios que se derivarían de la integración de estas personas en todos y cada uno de los aspectos de la vida política, social, económica y cultural de sus comunidades”. Se trata también de visibilizar las silenciosas y pasivas injusticias que estamos cometiendo contra la “minoría más amplia del mundo”, que suele “tener menos oportunidades económicas, peor acceso a la educación y tasas de pobreza más alta”.

A gobiernos e instituciones públicas y privadas nos toca redoblar esfuerzos en este tema, mediante políticas y estrategias transversales y transexenales, de tal forma que la inclusión no sea una presa más de la demagogia y de las falsas luchas sociales que hoy abundan, y se convierta en cambio en un objetivo claro y sólido de toda nuestra sociedad… ¡Nos vemos la próxima semana!

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