Universidad Autónoma de Aguascalientes

Unión, esperanza, identidad

PDF | 99 | Hace 5 meses | 1 marzo, 2019

Francisco Javier Avelar González

El lunes pasado realizamos un acto cívico de Honores a la Bandera, precisamente para rendir conmemoración a nuestro lábaro patrio (recordemos que el domingo anterior fue 24 de febrero). Quienes asistimos al evento (integrantes de la comunidad académica, del ejército y de distintas dependencias gubernamentales) tuvimos la oportunidad de reflexionar sobre la enorme importancia de los símbolos patrios, pues, si ponemos atención suficiente a sus significados y su historia, estas insignias pueden ser capaces de disolver polarizaciones ideológicas y políticas para llamarnos a la concordia y la búsqueda del bien común; después de todo: compartimos un pasado, un territorio, un conjunto de tradiciones y un destino; es decir, una identidad nacional… En mi intervención, expresé un breve mensaje para recordar el origen y el significado de nuestra Bandera, así como para hacer un llamado a la unidad de quienes integramos este gran país. No quisiera dejar la oportunidad de compartir esta reflexión con todos ustedes:

En 1940, por decreto presidencial, el General Lázaro Cárdenas oficializó el 24 de febrero como la fecha para conmemorar nuestra Bandera Nacional, uno de los símbolos patrios que, junto con el Escudo y el Himno, nos recuerdan nuestra historia, nuestra identidad, nuestra soberanía y nuestra unión.

La fecha de una efeméride tan entrañable para los mexicanos y tan significativa en términos sociopolíticos, no fue elegida al azar, sino atendiendo a un momento histórico de nuestro nacimiento como nación: recordemos que el 24 de febrero de 1821, Agustín de Iturbide, comandante en jefe de las fuerzas realistas -es decir, las encargadas originalmente de combatir al ejército insurgente- presentó a Vicente Guerrero el “Plan de Iguala”, un documento que abría la puerta a la deposición de las armas a través del establecimiento de tres garantías: la independencia del país, la unión de todos los mexicanos -sin importar su origen, clase social o casta- y la religión (que en aquel contexto histórico era de suma importancia para lograr cohesión social).

La aceptación generalizada del plan redactado por Iturbide congració a Insurgentes y Realistas y dio un objetivo común a todos: construir una nueva nación. Las garantías expresadas en el Plan de Iguala fueron representadas simbólicamente con una bandera de tres colores -verde, blanco y rojo-, dispuestas en tres franjas diagonales y una estrella dorada al centro de cada franja.

A través de la historia, aunque la bandera mantuvo sus colores originales, sufrió una serie de modificaciones en su diseño, hasta llegar a ser el hermoso símbolo que podemos apreciar izado en plazas, instituciones públicas, privadas y espacios educativos. Su transformación no sólo fue en términos de diseño, sino de valores: la secularización del país (y el respeto a la profesión de credos) trajo la reinterpretación de los colores de nuestro estandarte patrio: en el imaginario colectivo, dichos colores hoy representan unidad, esperanza y la sangre de los héroes nacionales.

Estos valores se complementan con el escudo nacional, el cual reconoce a los pueblos originarios de México, al recordarnos la leyenda de la fundación de Tenochtitlan. Además, el nopal representa la flora endémica u original de nuestro territorio, mientras las ramas de encina y de laurel (especies provenientes de Europa) simbolizan la victoria e -indirectamente- nos muestran el sincretismo de nuestra nación.

Podemos decir que la historia de México, su riqueza, su pluralidad, sus batallas y su enorme voluntad para sobreponerse a las adversidades, se encuentran sintetizadas y contenidas en nuestra bandera.

Al rendirle honores, los invito a que recordemos a través de nuestra Bandera Nacional, que México es un gran país por su unión en la diversidad, por la enorme riqueza de su pluralidad y sincretismo, anclada no obstante a un sentimiento de concordia y hermandad. No somos grandes por pensar lo mismo, tener las mismas ideas y ser físicamente iguales; al contrario: la valía de nuestro país se enmarca en que somos y podemos ser diferentes y, aun así, encontrar puntos de confluencia, de respeto, diálogo y consenso para el desarrollo social, el beneficio de las mayorías y la protección de las minorías y grupos vulnerables.

No busquemos entonces la imposición de nuestras ideas, ni los maniqueísmos, ni las radicalizaciones; encontremos mejor las formas de entablar puentes entre nosotros, para buscar el bien común. Aprovechando la conmemoración de la Bandera Nacional, recordemos que hace casi 200 años Iturbide y Guerrero, insurgentes y realistas, disolvieron sus diferencias a la voz de unión, patria e independencia. Honremos a nuestra historia, a nuestro país, y seamos dignos ciudadanos…

Nos vemos la próxima semana.

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