Beso, de Iván Gómez
Beso
Tu saliva, gota bendita
con sabor a agave cocido,
tibio y embriagante.
Rocío de pitaya
coronada de espinas,
bocado protegido y prohibido,
pero atrayente.
Sensuales y borrachos
labios sedientos de carne.
Me envenena el aroma
del sudor, el perfume y tus ropas.
Sobrevivo respirando bocanadas,
agitando con remolinos
el aire entre nuestras bocas.
Sofocas mi moral,
ahora solo pienso
en el idioma del instinto.
Asesíname.
Identidad secreta,
únicamente durante el beso.
No probaré tu mirada,
codiciosa de mí,
hasta volver a tragar aire.
No veré en tus ojos saciedad,
hasta alimentarte,
voraz caníbal de sensaciones,
presa de arrebato de caricias.
Subyúgame, domíname,
avasalla mi debilidad
poseyendo mis suspiros,
aduéñate de mí ser,
saquea mis placeres,
mancha las buenas costumbres
y corrompe mis fantasías,
suplantando cada rostro
por tus briagos labios.
Me enerva
el trueno bajo tu pecho,
ese que azota gigante
todo bajo mi hueso;
hace conmover
la totalidad de mi cuerpo
y es solo contigo
que me elevo.
Crezco.