Universidad Autónoma de Aguascalientes

Talentos Universitarios | Poesía

gaceta uaa

Primer lugar: La Patria se deshizo semejante

Frank Alejandro Montelongo García

Maestría en Investigaciones Sociales y Humanísticas, 3° semestre.

 

cuando la casa su tibia, hilandera intimidad defendía,

cuando aún cernía fuera su acecho talar y resonante

aquello en que ahora se han transustanciado puertas y ventanas

Octavio Smith

I

¿Qué ciudad se asemeja a esta ciudad?

Meridiano de dioses inventados.

Yo escapaba de ti, de tus costados

bebía el ángel sangre y soledad.

La noche maquillaba su verdad,

muchacha buena de mirada exacta.

Los cuerpos se fundían. Lumbre intacta.

La patria nos negaba humanidad.

Devuélveme su cuerpo, ese detalle

que la resaca borra decidida,

ciudad efervescente, irrepetida.

Pero también la estrella y la cordura.

(A veces suelo andar la misma calle)

Era la noche un monstruo en desventura.

 

II

La patria se deshizo semejante

a un cielo despejado cuando llueve.

La soledad del otro, la aguanieve

que hechiza la ventisca delirante

convoca al animal de paso leve,

el que trae noticias de la nada.

Mi madre se disfraza de estocada,

de paraíso enamorado y breve.

Agrieta, espiga inesperada, el muro.

Apaga, sangre de la estrella, el canto

que sucesivo inflama un ciclo oscuro.

Donde la patria enajenada alienta,

se ha tornado un espejo de mi llanto,

madre, tu cabellera cenicienta.

 

III

¿Qué oleaje perdido, qué universo

moldea las visiones de mi raza?

El aire de los dioses nos desplaza

y entierra en la razón un sol disperso.

Qué de botes, marismas, cuerpo terso

de un ahogado senil y agradecido.

Su rostro es la divisa, el desprendido

corazón del héroe y su reverso.

Imagen de un país que resucita

en playas de alquiler y luz escrita

y se canta a sí mismo, hipnotizado,

un náufrago inclemente despedaza

al hombre que fui cuando a mi casa

la muerte aún no la había visitado.

 

 

Segundo lugar: Constelación

Jorge Francisco Palacios Rodríguez

Artes Cinematográficas y audiovisuales, 8° semestre.

 

Evaluó cada cicatriz en mi abdomen, tratando de descifrar el acertijo que oculta el rumor de los colibríes. En lo profundo de la constelación de heridas, una vez lograda la configuración deseada, beberán el secreto en mi interior.

 

 

Tercer lugar: Hablemos

Ivan Yahir Gómez Mancilla

Ingeniería en Computación Inteligente, 3° semestre.

 

Está bien, hablemos por última vez. Por última vez o por primera, según cuándo consideres que terminó nuestra plática.

Hablemos de nuevo, sentados y de frente. Ya no tomados de la mano, ni jugando con ella en la pierna ajena para aliviar los nervios; el contacto físico, dadas las circunstancias, no sale sobrando, pero si estorba.

Concentrémonos en fingir la voz y no doblegarnos, ante el evidente, pero bien escondido, ímpetu de volver a llamarnos tiernos. Mantengamos la barbilla alta, pero la mirada baja, como queriendo convencer al otro de que nuestra barbilla está más alta que la suya, sin tener el valor para poder mirar a los ojos y descubrir en ellos lo ya descubierto: nostalgia.

Digamos verdades tan crudas que incluso a quien las diga reprochen. Digámonos que ambos amamos, pero nunca ninguno se sintió amado. Digamos que extrañamos, pero que nunca volveríamos y que, si alguna vez volvimos, fue un error. Pero aún peor: que si alguna vez se buscó volver a intentarlo, no fue por el otro, sino por el bien propio. Digamos finalmente que simplemente se vivió mal… De lo peor.

Y así, por fin desahogados, solo falta solucionar quién preguntará si puede acompañar al otro a su casa.

Un paso y luego otro. Y bajo cada paso nuestro último pedazo de amor propio.

Pero bueno, ya volveremos a hablar por última vez.