Poesía (2010), un filme de Lee Chang-dong

245 | Hace 2 meses | 14 abril, 2026

gaceta uaa

COLABORACIÓN | Luis David Muñoz Rico, profesor de la Academia de Redacción del Departamento de Letras.

Poesía (2010) del director surcoreano Lee Chang-dong, ganadora a mejor guion en Cannes, es una historia que se cuece a fuego lento. Comienza con un incisivo prólogo: se muestra en primer plano el encuentro de unos niños con el cuerpo sin vida de una joven en un río. Segundos después, el espectador conoce a Mija, mujer de la tercera edad que acude al hospital por un dolor en su brazo. Desde un principio, se muestra carismática, incluso bromista, con una vestimenta cuidada y colorida que muchos le resaltan a lo largo de la película.

Al salir de su cita —después de ser advertida sobre el peligro de olvidar palabras a su edad— aparece un tercer hilo narrativo que se incorpora a lo anterior: una madre con su hijo afuera del hospital, desorientada y en shock por el suicidio de su hija. Durante algunos segundos, profiere oraciones sin sentido y se tira al suelo, mientras Mija y los demás la observan sin entender. La protagonista llega a su casa, donde vive con su nieto, y lo encuentra en una posición extraña sobre su cama y con música a todo volumen. La mujer cree que está enfermo, pero él lo niega; no obstante, es evidente que algo le afecta. Mientras comen, sin la capacidad de articular lo ocurrido, le pregunta por el suicidio de una joven de su mismo año, pero él, con enojo y recelo, niega conocerla.

 

En medio de la trama principal, Mija se une a una clase de poesía. Hace muchos años, un profesor le había dicho que algún día sería poeta, y creyó que este era el momento para comenzar. Ella y el espectador conocen al maestro que la imparte, quien enseña algo fundamental para escribir: aprender a mirar, es decir, observar con detenimiento el entorno y lo que le acompaña. Para entender algo, comprenderlo o conversar con ello, es necesario mirarlo bien; sólo así es posible sentir de manera natural para escribir un poema. En esa misma escena, el maestro lo explica con una manzana, un objeto cotidiano que suele pasar desapercibido. Mija, en su casa, intenta observar una de estas frente a una lámpara desde distintos ángulos. No obstante, le parece inútil: “Es mejor comerlas que mirarlas”. Repite al día siguiente lo mismo con el árbol frente a su hogar, disfrutando un momento apacible mientras escucha el ruido de las hojas con el viento. No es hasta que recibe una llamada del padre de un compañero de la escuela de su nieto, quien le pide asistir a una reunión importante e incluso le ofrece pasar por ella después de la segunda clase de poesía. En ese instante, Mija sospecha: la urgencia sugiere que no son buenas noticias.

Sucede la clase —donde se discute sobre la inspiración poética y cómo hay que mendigarla, no esperarla— y se transportan hacia el lugar. Es entonces que el espectador, junto a ella, conoce la razón de la congregación. Es simbólica la presencia de varios hombres y una sola mujer, la protagonista, para entender la dinámica que se establece. Uno sugiere que primero se reciban las cervezas para levantar el ánimo antes de conversar. Otro pregunta si de verdad necesitan alcohol en un momento así. Cuando finalmente se aborda el motivo de la reunión, reconfigura el sentido de lo visto hasta ese momento. La escena se torna cada vez más oscura; en algún punto, incluso brindan. Mija, desde un primer momento, está visiblemente perturbada; sin embargo, permanece en silencio mientras escucha, pues pareciera que es la última en enterarse.

A partir de ahí, la película no se desplaza hacia una resolución inmediata, sino que continúa a través de la cotidianidad y el silencio de Mija; entre su necesidad de comprender y la dificultad de hacerlo. Las escenas de la clase de poesía se intercalan, donde se exponen los altibajos de la vida diaria en función de originarles inspiración poética a los alumnos: la felicidad de vivir en un hogar digno o de tener un hijo, así como la imposibilidad de un amor o la nostalgia de un recuerdo pueril. La protagonista comienza a sostener su mirada en otros objetos, espacios y personas, trasladando ese ejercicio a su forma de estar en el mundo.

Poesía es una obra que no pretende brindar respuestas, sino abrir una pregunta que acompaña al espectador: ¿qué implica realmente mirar aquello que tenemos enfrente? En esta película, sin música y con planos extendidos, se insiste en esa idea inicial: aprender a mirar. No para encontrar soluciones inmediatas, sino para sostener la mirada ante aquello que normalmente se evitaría, y para permitir que una voz silenciada pueda encontrar en el arte una forma de existir.

 

Consulta las próximas proyecciones de ciclo 15 Cinema, una iniciativa de reflexión a través del séptimo arte propuesto por el Centro de las Artes y la Cultura, en este enlace.