COLABORACIÓN | Arturo Ricardo Silva Ibarra, correo: pierrante59@gmail.com

“La música es la luz de la luna en la noche sombría de la vida

Jean Paul Friedrich Richter

Hay una frase atribuida a Gabriel García Márquez, cito: “La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos,” creo que muy probablemente los siguientes recuerdos que hoy comparto sean solamente los buenos momentos que tengo sobre el nacimiento de una idea que luego se le denominó Polifonía Universitaria. Los recuerdos que narraré no los magnifico, pero es claro que la última palabra la tiene el lector, aunque de antemano confieso que mis remembranzas únicamente evocan momentos de satisfacciones, alegrías y agradecimiento al tener la oportunidad de poder convertir una idea en algo real para nuestra comunidad universitaria y saber que el próximo 8 de agosto, Polifonía Universitaria cumple 30 años. Hay tantas anécdotas y experiencias gratificantes que me ceñiré a hablar sobre su nacimiento, y en esa ruta, iré desempolvando vivencias significativas y, en lo posible, argumentando su veracidad.

Esta entrañable aventura inició tres décadas atrás en casa de mis padres. Una tarde, trataba de terminar un informe en mi estudio en el segundo piso ‒digo trataba porque varios albañiles rompían el piso de la terraza a golpe de mazo y el ruido era intenso‒. Después de mucho esfuerzo, comenzaba a teclear los primeros textos en mi poderosa computadora Printaform cuando escuché el timbre; mi papá abrió, pues su oficina estaba precisamente junto a la puerta de acceso a la casa y oí que me llamaba. Me encaminé a ver quién era, encontré a mi papá con una expresión de sorpresa y felicidad: el visitante era el maestro Felipe Martínez Rizo, rector de la UAA. Mi papá había conocido al padre del maestro Felipe, y a él lo recordaba de jovencito, así que se saludaron gustosos; yo también lo estaba, aunque extrañado de su presencia. Le pedí que subiera a mi estudio, pero la verdad no sabía dónde ubicarnos, el ruido era muy molesto y resonaba en toda la casa.

No recuerdo dónde nos acomodamos, pero lo que sí tengo presente del rector Martínez Rizo fue su inseparable libreta-agenda, la abrió y me comentó que históricamente la Universidad carecía de un programa institucional de difusión cultural que beneficiara a toda la comunidad universitaria, dado que los primeros esfuerzos se habían enfocado en la docencia y luego en la investigación, situación que también se debía a que Aguascalientes contaba con instituciones dedicadas expresamente a la promoción y la  difusión cultural. Lo mismo ocurría con el deporte universitario, señaló. Eran, por tanto, aspectos a mejorar. Yo asentía a sus palabras, manifestando mi acuerdo con él. Continuó con sus reflexiones y en cierto momento dijo, más o menos lo siguiente: “Diseña un proyecto cultural para la Universidad y así, empezar a subsanar esa debilidad”. Hasta ese momento comprendí el objetivo de su visita, entre sorprendido y sumamente emocionado le expresé que me enfocaría a ello, luego lo acompañé a la puerta, se despidió de mi papá y se retiró. Desde ese momento no dejé de sentir cierta incertidumbre de poder cumplir con el compromiso, pero también estaba satisfecho por la confianza al recibir dicho cometido.

Inmediatamente comencé a explorar ideas, el informe ya lo haría en mi oficina de la Universidad. En ese entonces, conocía mucho del quehacer cultural de gran diversidad de instituciones de educación superior en el país por el impulso de ANUIES de los llamados Corredores Culturales Universitarios, cuya promoción hacía la directora de Fomento a la Extensión y Difusión de dicha asociación, la licenciada Lourdes Ruiz Lugo.

Durante la siguiente semana charlé con el buen amigo José Dávila Rodríguez, responsable en aquel tiempo de Radio UAA. No está de más mencionar que era un entusiasta promotor de la música de calidad, todo un personaje en el medio de la radio cultural de Aguascalientes, un hombre innovador y emprendedor (siempre se le conoció como el Director de Radio UAA, así, con mayúscula). Al platicarle de la visita del rector y escuchar el propósito que tenía, me interrumpió y mandó llamar a Héctor Arturo Llamas Orenday, productor especializado en música clásica y otro apasionado promotor de la misma (algunos de los programas que realizó fueron “Partitura al aire”, “Audiograma” y “Atril”). Al hablar de música clásica en Radio Universidad era obligado referirse a Arturo Llamas, como buen melómano es un gran conocedor de diversos géneros musicales.

Volviendo a ese momento con el señor Dávila, pude constatar el entusiasmo que se generó y conocer diversas ideas que se aportaron.  Una de ellas era la de platicar con Gordon Campbell, quien entonces era director de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes y un convencido de la importancia de crear públicos afectos a la música de calidad. También recuerdo haber charlado con Iuri Loskutov, violín primero/concertino de la Orquesta de Cámara y de la Orquesta del Teatro Aguascalientes, así llamada hasta 1993, año en que se fundó la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes. Loskutov también era profesor de violín en el Centro de Estudios Musicales Manuel M. Ponce y había fundado la Camerata Ponce. Él era difusor de la música clásica y de la música mexicana, así como un hombre riguroso y exigente; en momentos se mostraba impaciente con el público al punto de corregirlo por aplaudir antes de terminar el concierto o hacerlo al final de algún movimiento, pero igualmente era un hombre generoso y alegre.

Después analizar varias opciones, comprendí que era oportuno aterrizar el proyecto con tres propuestas que me parecían viables en el marco de la Universidad y del objetivo propuesto por el rector. Fue así que me di a la tarea de redactar un documento con tres ideas.

Prima idea: un coro universitario

Una de las posibilidades era formar un coro universitario constituido por estudiantes interesados en participar y se renovaría mediante una o dos convocatorias al año, considerando una o dos etapas previas de formación musical para la selección de miembros. La idea era muy viable en términos financieros: no requería equipamiento oneroso, únicamente se necesitaban espacios adecuados para los ensayos, atriles, sillas, equipo de sonido para las presentaciones, una consola, entre otras cosas. El tema relevante en ese momento era contratar a un buen profesor en el área de formación y dirección de coros. En esas fechas la Universidad ya no contaba con la carrera de Música, la cual tuvo una breve existencia entre 1976 y 1977.

Secunda idea: ensamble de cuerdas

Otra opción, según recuerdo, era crear un ensamble de cuerdas con jóvenes universitarios. Para integrarlo se impartirían cursos y talleres a través del área de Extensión Universitaria. La realización de un proyecto como este también era factible, sin dejar de pensar que, en la medida que avanzara, sería más compleja su organización y limitado su impacto en la comunidad universitaria. El ensamble implicaba pocos integrantes y sus requerimientos podían ser profesores, aulas, equipo, entre otros; era mucho más complejo que el coro. Otra posibilidad era conformarlo con músicos permanentes contratados por la Universidad, que dieran clases y cierto número de conciertos al año, como sucedía en otras instituciones del país; aunque personalmente no era partidario de dicha opción, pues no correspondía a un verdadero programa de difusión cultural universitario con carácter educativo. Hoy en día, reflexionando esa idea, la propuesta pudo haber propiciado retomar la carrera de Música, lo cual estaba lejos de ser nuestro objetivo.

Tertia idea: un programa de difusión musical

La tercera propuesta era crear un programa de difusión musical abierto a toda la comunidad universitaria y a la sociedad en general donde se pudieran apreciar conciertos de música de calidad; en ese momento, pensé en la que convencionalmente identificamos como clásica o la que otros denominan académica. Esta idea no requería, según se analizó, mucha inversión en equipo ni problemas de contratación de académicos o personal extra. En resumen, podría concretarse al llevar a cabo conciertos en el Auditorio “Dr. Pedro de Alba” con ensambles o grupos musicales ya existentes en Aguascalientes y de otras instituciones de educación superior de la región centro-occidente.

Desde una perspectiva educativa que tomó elementos de Carl Rogers, Daniel Prieto Castillo y alguna idea de Paulo Freire, el enfoque del programa consideraba que todos aprendemos juntos, además de partir de las necesidades musicales de los asistentes. De Prieto, nos abrazamos la idea de la educación como un proceso de mediación, en el sentido de tender puentes entre lo que se sabe y lo que no, entre lo vivido y lo que se vivirá. De Rogers, adoptamos el concepto de crear espacios de confianza y respeto para facilitar el crecimiento y el desarrollo de los asistentes y, con ello, lograr aprendizajes significativos para la vida. De ahí surgieron varias características que tuvo la realización de esta propuesta. Tras una audiencia con el rector Felipe Martínez Rizo, donde presenté el documento con las tres propuestas detalladas, se decidió por la tercera opción.

En la siguiente edición de la Gaceta Universitaria, continuaré con esta serie de recuerdos acerca del surgimiento de Polifonía Universitaria, abordando sobre la organización y el inicio del programa de difusión musical propuesto.