Entrevista con la Dra. Marcela López Arellano, historiadora de mujeres y académica universitaria
Con una trayectoria laboral de más de doce años en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, un vínculo de larga data con la actividad archivística, varios goznes biográficos y un reciente reconocimiento por sus aportaciones en la gestión y organización de archivos en la UAA, la doctora Marcela López Arellano nos comparte aspectos de su trayectoria profesional y sus intereses académicos sobre cómo las mujeres construyen archivos, que son motivo de orgullo para la comunidad universitaria.
La doctora Marcela López Arellano egresó de la Licenciatura en Investigación en Educación de la UAA a finales de la década de los ochenta. En ese tiempo realizó su servicio social en el Archivo Histórico del Estado de Aguascalientes donde trabajó por más de dos años apoyando en la elaboración de fichas documentales y la catalogación del Fondo Educación. Este fue su primer vínculo con la actividad archivística, aunque no su primer trabajo formal, pues ya se dedicaba a la enseñanza en nivel preparatoria. De esa época recuerda que tuvo la coincidencia de trabajar con la Mtra. Elizabeth Buchanan Martín del Campo, quien, junto con la maestra Aurora Figueroa Ruiz, fueron las primeras archivistas profesionales en Aguascalientes.
Tras un breve periodo como docente en el área de educación de la UAA por invitación de Margarita Zorrilla Fierro y Bonifacio Barba Casillas, hizo una pausa en su vida académica por diez años para enfocarse en su familia. No obstante, mantuvo relación con el sector educativo, pues en ese periodo se desempeñó en la subdirección de un colegio, se profesionalizó en inglés y dio clases de recuperación en ese mismo idioma.
Su regreso a la actividad académica fue gracias a los diplomados de arte y cultura del doctor Alfonso Pérez Romo en la UAA, lo que la motivó a continuar su formación profesional con la Maestría en Estudios Humanísticos- Área Historia (ITESM). Posteriormente, ingresó al Doctorado en Ciencias Sociales y Humanidades- Área Historia en la UAA, recibiendo su título en diciembre de 2013. Agradece su paso por este posgrado a la doctora Yolanda Padilla Rangel, quien fungió como su tutora de tesis y la introdujo a la historia de las mujeres.
Gaceta Universitaria: ¿Cómo inició tu trayectoria laboral en la Universidad?
Marcela López Arellano: En febrero de 2014, el doctor Víctor Manuel González Esparza, entonces director general de Difusión y Vinculación en la UAA, me invitó a trabajar en el Departamento de Difusión Cultural; fue una época donde conocí a muchos universitarios y colaboré en proyectos importantes para la universidad.
Uno de estos fue la remodelación del Museo Nacional de la Muerte, coordinado por la Dirección General de Difusión y Vinculación y por el área de Difusión Cultural a mi cargo. Fue un trabajo colectivo con grandes aprendizajes, en el equipo estuvo la arqueóloga Ana María Pelz (INAH) y el curador Mercurio López Casillas, entre otros. Terminé mi colaboración en esa área en diciembre de 2016, y durante 2017, 2018 y parte del 2019 impartí clases y estuve como asistente de investigación en el Departamento de Historia de la UAA, trabajando con la doctora Yolanda Padilla y el doctor Luciano Ramírez Hurtado. Fue en mayo de 2019 cuando las autoridades de la universidad me invitaron a hacerme cargo del Departamento de Archivo General e Histórico, ante la jubilación de la maestra Aurora Figueroa.
Este fue otro gozne biográfico (definido como un momento de quiebre o decisión donde la vida de una persona cambia de rumbo). Mis goznes anteriores, que ahora veo con claridad, fueron la necesidad de formarme en la maestría, viajar a Oaxaca en 2010 con la doctora Yolanda a un Congreso de Historia de mujeres, ingresar al doctorado y dirigir el Departamento de Difusión Cultural. Con cada uno de esos momentos de cambio, confirmé mi vocación como historiadora.
Cuando el rector me invitó a trabajar en el Archivo de la UAA fue un gozne no esperado. Se trataba de un área nueva para mí, de mucha responsabilidad, pensé “son los archivos… todos los archivos de la universidad: administrativos, visuales, documentales, históricos, es muy grande el acervo.” Y así, comencé un nuevo reto.
Gaceta: Retomando tu tesis sobre Anita Brenner, ¿qué tan difícil es hacer historia de mujeres cuando sabemos que antes las mujeres no eran tomadas en cuenta? ¿A dónde recurres para obtener ese material para poder construir la historia de las mujeres?
Este es el tema que me apasiona hoy en día. Mi trabajo en los archivos de la UAA me hizo caer en cuenta de la maravilla de los archivos de las mujeres. Cuando inicié mi tesis doctoral, la doctora Yolanda Padilla me propuso el estudio de Anita Brenner desde los documentos de su archivo personal. Éste había sido donado por Susannah Glusker, hija de Brenner, a la Universidad de Texas en Austin, y luego de un largo proceso de catalogación, lo abrieron a consulta en el 2009 o el 2010. En ese acervo quedaron sus cartas, sus artículos, sus manuscritos, sus fotografías y mucho más.
Una de las primeras cosas que hicimos fue conseguir el apoyo de la UAA para realizar una estancia en la Universidad de Texas con el fin de explorar el archivo de Anita Brenner. Las semanas de consulta de los documentos en el Harry Ransom Center en Austin fueron emocionantes. Ya no era sólo leer los libros que había publicado como “Ídolos tras los altares”, “El viento que barrió México” o “Your Mexican Holiday”, sino ahora fue seguirla por todos sus escritos: sobre los judíos en México, sus diarios personales, sus narraciones autobiográficas, sus borradores de artículos para The New York Times Magazine, por mencionar sólo algunos de los que resguardó toda su vida.
Luego consulté el Fondo Alejandro Topete del Valle en el Archivo del Instituto Cultural de Aguascalientes, quien fue gran amigo de Brenner y guardó cartas, documentos y cosas que ella le envió. Fue como crear un mapa de los lugares y las personas en donde ella y sus contactos estuvieron. También visité el Centro de Documentación e Investigación Judío en la Ciudad de México. La directora era la doctora Alice Gojman, -quien escribió el prólogo de mi libro-, y me mostró documentos de Anita Brenner, como una conferencia que dio en los años cincuenta cuando vivía en México.
Entonces fui tejiendo estas historias. Te confieso que cuando hice el trabajo sobre Anita Brenner mi foco no estuvo en su archivo, en cómo lo conservó, cómo lo cuidó o cómo se lo llevó en cada mudanza a las ciudades en las que vivió: México, San Antonio o Nueva York. Mi interés estuvo en su cultura escrita, en los documentos, cartas, artículos o fotos.
Cuando comencé mi trabajo en el archivo de la universidad, fue como descubrir los diferentes tipos de archivos desde perspectivas teóricas y metodológicas. Por mi formación como historiadora comenzamos capacitación para catalogar de forma diferenciada los archivos históricos y los archivos administrativos, y tomamos cursos en el tema de los archivos personales con el propósito de organizar, clasificar y catalogar los archivos que recibe la UAA en donación en la Bóveda “Jesús F. Contreras”. Todo lo anterior me permitió tener un panorama más amplio sobre los archivos personales de mujeres, como el Fondo Aurora Correa (donado a la UAA en 2021). En este espacio me esperaba un nuevo gozne, ahora profesional: investigar la historia de las mujeres poniendo en el centro sus archivos.
Este cambio de visión sobre sus objetos de estudio, le ha permitido identificar el trabajo de las mujeres en la creación y organización de archivos familiares, pues -según comentó en la entrevista- hay una delgada línea entre los archivos de hombres y los archivos de mujeres. Ha observado que muchos de los registros de varones, en particular de aquellos personajes importantes como gobernadores, empresarios, escritores, poetas o músicos, fueron reunidos y conservados por las mujeres de sus vidas: las esposas, las hermanas, las hijas o las nietas. Esto lo pudo corroborar en los resguardos personales que se tienen en la Bóveda Jesús F. Contreras, como los archivos de Jesús F. Contreras, Alfonso Esparza Oteo o Miguel Ángel Barberena.
Los cuestionamientos obligados para la doctora Marcela López Arellano son: ¿por qué las mujeres deciden guardar la memoria de sus hombres? ¿por qué las mujeres guardan sus cosas, pero no las entregan a las instituciones? ¿por qué los archivos de mujeres que no tienen reconocimiento público, pero contienen documentos de la vida cotidiana y de su época como recetarios, cartas y fotografías, no son recibidos en museos, bibliotecas, o en una institución?
Después de revisar muchos archivos de mujeres e historias escritas por mujeres, reflexiona lo siguiente:
Considero que la mayoría de las mujeres que guardan sus cartas personales, las de sus hijos, de sus familiares o amistades, nunca sienten que sus papeles son importantes porque ellas no tuvieron un reconocimiento público. Quizá los donen a sus hijas o nietas, o los destruyan cuando se sientan mayores. Pero lo más importante que aportan los archivos de mujeres, aspecto que me fascinó y que ahora sigo como línea de investigación, es que estos archivos cambian la narrativa de las historias que conocemos; porque sabemos las historias de ciudades, de pueblos, de guerras, todas desde la mirada de los señores, de los soldados, de los gobernadores, de los militares… pero cuando te encuentras las cartas de las señoras que escondieron a los sacerdotes en la guerra cristera, o de las señoras que enseñaron catecismo a los niños escondidos en sus casas. Allí hay otras historias, igual de valiosas que complementan y enriquecen nuestro conocimiento histórico.
“Los archivos de mujeres nos muestran otras narrativas que no conocíamos, evidencian cómo las mujeres han vivido sus propias historias; tal vez sus hitos no son desde la Revolución mexicana, la cristiada o las políticas del gobierno, sino a través de cada uno de los momentos de sus propias familias”
La entrega de la XXI edición del Premio Banamex Atanasio G. Saravia de historia regional mexicana 2024-2025 que promueve Fomento Cultural Banamex, A.C. se efectuó el 12 de mayo en la ciudad de México, como parte de los reconocimientos especiales, la doctora Marcela López Arellano recibió el galardón por la “Labor de Salvaguarda y Organización de Archivos”.
De manera previa, en octubre de 2025, en el marco del 450 aniversario de la Ciudad, el H. Ayuntamiento de Aguascalientes le entregó la distinción de Ciudadana Distinguida por su desempeño ejemplar en actividades profesionales, culturales, sociales y humanas como académica e investigadora.
Gaceta: ¿Qué significan para ti estos reconocimientos, para tu trayectoria y tu perfil como investigadora?
Como investigadora me siento muy honrada porque me doy cuenta que esos goznes biográficos de la década del 2000 cuando estudié la maestría y decidí regresar a la vida académica, no fueron equivocados. Que el viaje a Oaxaca con la doctora Yolanda valió la pena porque me orientó hacia la historia de las mujeres. Por ello, recibir un reconocimiento por el trabajo realizado sobre la historia de las mujeres en la fundación de nuestra villa, considerado para la distinción del Municipio de Aguascalientes, y el proyecto del archivo de la Universidad Autónoma de Aguascalientes enfocado en las reflexiones sobre los archivos personales, en el que hice algunas aportaciones, me llena de satisfacción personal.
Se trata de una satisfacción compartida al hacer visibles a las mujeres de nuestro pasado, a nuestras ancestras. A través de la investigación histórica tanto en individual como con colegas, hemos podido hacer visibles los nombres y apellidos de mujeres, sus luchas, sus dolores, sus decisiones y sus experiencias, que de otra forma nunca hubieran sido conocidas.
Kate Eichhorn señala que las mujeres somos ‘mujeres archivando’ porque lo hacemos a lo largo de la vida, muchas veces sin saberlo. Pero apunta que no todas somos ‘mujeres archivadas’, es decir, que nuestros papeles no quedan en lugares que van a conservar y organizar correctamente los acervos, como la Bóveda “Jesús F Contreras”, un Archivo Histórico del Estado o un Archivo General de la Nación
Parte del trabajo académico de la doctora Marcela López Arellano, quien también fue distinguida con el Premio Rabino Jacobo Goldberg 2015 por la Comunidad Ashkenazí A.C. de México, lo puedes consultar en https://libros.uaa.mx/

