3 de marzo Día Internacional de la Vida Silvestre
COLABORACIÓN | Daniela Alanis Hernández, estudiante del octavo semestre de la Lic. en Letras Hispánicas. Becaria en el proyecto PIF24-2 del Departamento de Filosofía
A María Elena Walsh
Cuentan que hace tiempo
los conejos dormitaban
en los brazos del ciruelo
cuyas sombras se tendían
como manto sobre el suelo.
Que la yerba era almohada
y la cuna de sus sueños,
que al arrullo de la brisa
y la nana del jilguero
un retrato enternecido
ofrecían al recuerdo.
También cuentan que abejorros
de amarillo terciopelo,
ya cansados pero alegres,
por andar de vuelo en vuelo,
cada campo encarnecían
de amapola y crisantemos.
Y que la tierra resguardaba
más tesoros como estos:
el candor de los cocuyos,
los lagartos en los fresnos,
los peces en los ríos,
los zorrillos en sus lechos,
el aullido del coyote,
las lechuzas en los cerros,
las serpientes entre rocas
y monarcas en el cielo.
Este mundo tan hermoso
nunca tuvo dueño
que la libertad se apropiara
con el arma de su ego.
Después vino el hombre.