Cenotafios en Aguascalientes: símbolos de advertencia, huellas de la memoria y la violencia

PDF | 342 | Hace 4 meses | 18 noviembre, 2025

gaceta uaa

Texto: Rocío Basurto. Fotografía: León Zúñiga

 

Cuando pequeña durante los viajes en carretera a mi y a mis hermanos nos solían sorprender esas pequeñas cruces a los costados de los acotamientos; eran señal de que ahí había sucedido un accidente con alguna víctima mortal. De pronto, las muertes por colisiones entre vehículos o contra peatones ya no suceden solo en las carreteras, ahora esas cruces en memoria de alguien son cada vez más visibles en calles y avenidas de la ciudad.

Se trata de cenotafios, tumbas vacías que se colocan en recuerdo de alguien que ha fallecido trágicamente o que está dedicado a personas cuyo cuerpo no fue encontrado. Al respecto, la doctora Lourdes Adriana Paredes Quiroz, profesora del Departamento de Historia, dijo que estos cenotafios son monumentos de diferentes formas, ya sean cruces, jarrones, imágenes religiosas o placas, que cumplen con el objetivo de recordar a una persona fallecida: “Estos cenotafios urbanos se colocan para marcar una muerte inesperada, un accidente. Para quienes los vemos, son una señal de que ahí falleció alguien, pero para los familiares es una forma de asegurarse que el alma no quede errante”.

También se conocen como memoriales urbanos, monumentos funerarios o cruces callejeras. En distintos países de Sudamérica, estas manifestaciones en memoria de quienes fallecen en accidentes de tránsito adquieren nombres distintos. En Venezuela[i], le llaman capillitas por ser monumentos construidos en pequeñas dimensiones con forma de iglesia o capilla; mientras que en Chile se les llama animitas.

En nuestro México, los cenotafios ya no solo se colocan para recordar a alguien que falleció por un accidente de tránsito, sino también para recordar a las víctimas de la violencia organizada, o la negligencia institucional: basta recordar esas imágenes de cruces en color rosa en Ciudad Juárez que se llegaron a convertir en símbolos de la lucha contra los feminicidios, o las cruces blancas para señalar la tragedia de la guardería ABC, en la ciudad de Hermosillo, Sonora.  También se ha documentado el incremento de estos monumentos funerarios en ciudades de Sinaloa, como en Culiacán a causa del narcotráfico; en ese contexto, Cortés Aguilar[ii] los define también como:

Monumentos que condensan la conclusión de una vida o de varias ya sea de manera premeditada o accidental, pero regularmente de forma violenta. Pequeñas edificaciones colocadas en la vía pública que testimonian el sentimiento y hasta el reclamo por el mal y la pena que genera en los seres cercanos lo acaecido.

En Aguascalientes, según información del INEGI[iii], en 2024 hubo 77 víctimas muertas en accidentes de tránsito de un total de 4,656 personas fallecidas en todo el país, y en relación a los 374,949 accidentes de tránsito terrestre registrados en zonas urbanas y suburbanas; Mientras que el número de víctimas heridas en accidentes de tránsito ocurridos en Aguascalientes durante 2024, superó la cifra de mil personas. La gráfica muestra el histórico desde 2010 de víctimas muertas en accidentes de tráfico.

 

FUENTE: INEGI, gráfica histórica de víctimas de muerte en accidentes de tránsito para Aguascalientes. https://www.inegi.org.mx/app/indicadores/

 

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año fallecen alrededor de 1.19 millones de personas a causa de un accidente de tránsito; es la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) quien enlista entre los factores de riesgo el exceso de velocidad; la conducción de vehículos bajo los efectos del alcohol u otras drogas; la no utilización de cascos, cinturones de seguridad o sistemas de sujeción para menos de edad; conducir de manera distraída (uso de dispositivos móviles); la falta de seguridad en las vialidades o los vehículos; el tiempo de reacción y/o atención tras una colisión; y el incumplimiento a las normas de tránsito.

El Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Accidentes de Tráfico, proclamado por la ONU en 2005, este año se celebró el 16 de noviembre (el tercer domingo del mes de noviembre) para sensibilizar sobre la seguridad vial al mismo tiempo que se recuerda a las personas fallecidas y heridas de gravedad.

 

 

Testigos urbanos de la relación con la muerte

La doctora Lourdes Adriana Paredes Quiroz, también egresada del Doctorado en Estudios Socioculturales de la UAA, mencionó que, ante una muerte inesperada sucedida en accidentes de tránsito, ya sea entre automóviles o un atropellamiento, estos cenotafios representan para los familiares una forma de asegurarse que el alma de la persona fallecida no quede ahí errante, que sepa que va a trascender a una vida después de la muerte.

El origen de los cenotafios se debe a esa necesidad humana por marcar el lugar donde quedan resguardados los restos mortales y para mantener el recuerdo de quien se fue, pues los seres humanos tenemos miedo a ser olvidados más que a morir; por ejemplo, dijo que en grupos nómadas cuando alguien fallecía en tránsito se iban marcando los lugares donde se dejaban los restos mortales, lo mismo sucedía para las víctimas de las epidemias que morían durante un viaje identificando su tumba en los camposantos provisionales.

Entonces esa idea, aseguró Lourdes Adriana Paredes Quiroz, “se traslada a la cultura popular, no porque ahí estén depositados los restos mortales, sino porque los propios parientes o deudos necesitan recordar esa tragedia y tener un lugar para ir a llorar, también para recordarle a la gente que ahí puede ser un lugar peligroso, pero especialmente para evitar que el alma quede ahí errante por ese suceso traumático”.

Si bien con frecuencia se piensa que los cenotafios están vinculados estrictamente al catolicismo, la doctora María Eugenia Patiño López, profesora e investigadora del Departamento de Sociología y Antropología, aclaró que no son exclusividad de la tradición religiosa; aunque las cruces y altares fueron en algún momento prácticas alentadas, hoy su sentido es más amplio al considerarse “muestras de la preocupación de la gente para que no se olvide el lugar donde falleció su papá, su hijo o su familiar”. Asimismo, diversas culturas han empleado formas simbólicas para recordar a sus muertos, pues en muchas tradiciones nos negamos a que la muerte quede sin ser recordada.

Un aspecto a destacar de los cenotafios es su material resistente y durable. Por lo general, son de fierro, aunque también pueden encontrarse cruces o placas de cantera, cemento o mármol. A pesar de ser una tumba vacía, los cenotafios son visitados de manera regular por familiares y amistades de los fallecidos. Además, reciben el mismo cuidado que una tumba tradicional: los pintan, los limpian de la maleza que les rodea, los adornan con flores de tela plastificada o siembran junto a ellas plantas ornamentales; les colocan imágenes religiosas, las fechas de nacimiento y de la tragedia; en algunos casos un epitafio.

El acto de cuidar y dar un mantenimiento constante, también es una expresión de empatía; la doctora María Eugenia Patiño López opinó que “es una forma de recordar, pero también de respetar el dolor del otro”.

En un trayecto no mayor a los tres kilómetros (avenida Lic. Miguel de la Madrid-Paseo de los Chicahuales) logramos identificar por lo menos doce cenotafios. Durante la celebración de Día de Muertos, la mayoría de estos memoriales urbanos fueron vestidos con flores de cempasúchil naturales, velas, recuerdos florales y adornos como rehiletes o juguetes.

Respecto al nivel de ornamentación, la doctora Lourdes Adriana Paredes Quiroz comentó que el esmero que se pone en los materiales de los cenotafios o la cantidad de adornos que se colocan, tienen que ver también con el nivel del vínculo afectivo y el deseo de no olvidar; “es un último regalo que le hace la familia a quien falleció y una forma de asegurarse de que el alma no se quede en este plano existencial”.

 

 

Huellas de las violencias en incremento

Para la doctora María Eugenia Patiño López, profesora e investigadora del Departamento de Sociología y Antropología, los cenotafios “son monumentos que se ponen sobre todo para recordar y no perder la memoria; son huellas de la memoria”.

Explicó que tradicionalmente estas marcas se vinculaban con muertes accidentales, especialmente en curvas peligrosas o tramos carreteros inseguros; la presencia de varias cruces en un mismo punto funcionaba también como advertencia para los automovilistas. Pero “esas huellas no son tan representativas comunitariamente porque uno las ve, estamos acostumbrados a verlas, pero en realidad son huellas en el espacio urbano del cual no conocemos las historias”.

No obstante, en los últimos años han surgido otros tipos de cenotafios asociados a contextos distintos y que tienen que ver con el incremento de la violencia.

Los cenotafios asociados a la violencia representan marcas profundas en el tejido social, pues su presencia señala lugares donde la vida fue arrebatada de manera deliberada y recuerda a la comunidad que ese hecho no debe ser olvidado. La doctora María Eugenia Patiño explicó que en los últimos años han aparecido cenotafios que recuerdan algún homicidio vinculado con pandillas o de personas desaparecidas, ya que estos monumentos permiten a las familias y redes comunitarias expresar duelo y exigir memoria pública.

Algunos se erigen en el lugar donde fue asesinado un integrante de una pandilla, incluso un líder, lo que les da un fuerte significado comunitario y para la banda, pueden llegar a representar los límites entre una pandilla y otra. En ciudades como Guadalajara, también se colocan para recordar a personas desaparecidas, pues “cuando no sabes dónde quedó el cuerpo de tu hijo… el cenotafio recuerda eso; tiene una función comunicativa muy importante, en la medida que hace que el otro no lo olvide”.

En esos casos, comentó la investigadora, el cenotafio se convierte en un signo visible de la tensión social, una forma de narrar la ausencia y una evidencia de que algo distinto está pasando socialmente; al tiempo que interpela a la ciudadanía y a las instituciones sobre las condiciones que permiten que estas muertes ocurran. Otro ejemplo de esto, es el caso de ciclistas fallecidos en siniestros viales; ahí los cenotafios adoptan la forma de bicicletas blancas, las cuales constituyen “un grito contra esa incapacidad de ver al ciclista con respeto”.

 

La presencia creciente de cenotafios en Aguascalientes exige, por tanto, una mirada más profunda. Si bien muchos están relacionados con imprudencias o descuidos viales, la doctora María Eugenia Patiño advierte que otros comienzan a reflejar fenómenos sociales emergentes. “Tenemos que estar atentos, hay que aprender a mirar el mundo no desde los ojos del ya apareció otro’, sino desde lo que implica y significa para el entramado social”.

Como huellas de memoria, los cenotafios constituyen recordatorios visibles del dolor, de la pérdida y de las responsabilidades colectivas. Pero también son indicios de otras situaciones sociales; por tanto, su presencia en calles y avenidas invita a detenerse, reflexionar y observar de manera más consciente los procesos que marcan nuestras ciudades.

 

 

[i]  Antropología de la Muerte: monumentos funerarios en carreteras venezolanas. https://www.heterogenesis.com/Heterogenesis-2/Textos/hcas/h25/capillitas.html
[ii] Cortés Aguilar, Stephanie. (2023) Piedad por los muertos y resignificación de los espacios públicos. Los cenotafios en Culiacán, 1980-2010. Tesis de Maestría, Universidad Autónoma de Sinaloa http://tesis.uas.edu.mx/handle/DGB_UAS/388
[iii] Accidentes de tránsito. Información sobre el número de accidentes de tránsito terrestre registrados por los gobiernos municipales, así como el total de víctimas muertas en el lugar del accidente y heridas con lesiones leves y/o graves.  https://www.inegi.org.mx/temas/accidentes/