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PDF | 296 | Hace 4 meses | 7 noviembre, 2025
Como parte de la Primera Jornada de Activación y Fomento a la Lectura UAA, la Mtra. Cinthia Elizabeth Carranza Zaragoza, egresada de la Maestría en Arte de la UAA, impartió la conferencia “Leer las violencias contra las mujeres: resistir desde la lectura en comunidad” en donde acercó el rostro y el pensamiento de escritoras como Camila Sosa Villada, Rita Segato, Luna Miguel, Michelle Petit, Bell Hooks, María Galindo o Vivian Abenshushan.
Hablar de violencias en plural es reconocer que estas no se manifiestan de una sola forma. Bajo esta premisa, la maestra Elizabeth Carranza invitó a la audiencia a reflexionar críticamente sobre las agresiones que atraviesan la vida de las mujeres, especialmente en los entornos educativos. En sus palabras, “las violencias que sufrimos como personas, en general, no son singulares, no es una sola, no es una única manera de mostrar la violencia”.
Desde el inicio, la ponente se posicionó desde su propia experiencia como estudiante, docente, escritora y lectora, consciente de que hablar de violencias implica también mirarse y nombrarse. Para ella, las historias y la lectura se convierten en “un poder para sanarnos”, además de herramientas para compartir perspectivas y tejer comunidad.

Violencias que se aprenden y se reproducen
Un dato que enmarcó durante su intervención fue que el 32.3% de las mujeres en México han experimentado, por lo menos una vez, violencia al asistir a la escuela. Esto evidencia que los espacios educativos, lejos de ser únicamente lugares de formación, pueden convertirse en escenarios donde persisten estructuras heteropatriarcales que vulneran y silencian.
Citando a la escritora y activista estadounidense, Bell Hooks, Carranza rescató la idea de que en la docencia existe un “pequeño reino” donde algunas personas docentes priorizan el ejercicio del poder antes que el cuidado del aprendizaje y el bienestar del alumnado. Por ello, explicó, la autora estadounidense propone una pedagogía comprometida en la que además de aprender en comunidad a las y los docentes les toca cuidar de sus almas, procurar que ese conocimiento no sea violento y que ese aprender no sea un proceso traumático que les genere límites en lugar de aprendizajes.
Mientras que de Vivian Abenshushan enfatizó la idea de los talleres de escritura creativa y de literatura acompañada como otros espacios en los que también se aprende y se comparte conocimiento, “si bien muchas veces suceden fuera de las instituciones formales de educación, también son espacios en los que compartimos saberes y pensares. Ella dice que el orden patriarcal que vivimos en la sociedad, se reproduce en esos espacios porque hay una jerarquía de quién manda y quién no; y en esa jerarquía en la que a las o los docentes se les permite hacerles daño a sus estudiantes, particularmente a las mujeres se les coloca en lugares de mucha vulnerabilidad”.
En este sentido, Elizabeth Carranza invitó a quienes trabajan en la educación a cuestionarse constantemente: “¿Hemos vivido violencias en los espacios educativos? ¿Hemos reproducido violencias como docentes?”
A lo largo de la charla, Elizabeth Carranza, quien actualmente estudia el Doctorado Interinstitucional en Arte y Cultura, presentó las aportaciones teóricas de autoras como Rita Segato y María Galindo, quienes afirman que la violencia contra las mujeres es estructural, heteropatriarcal y normalizada. De María Segato tenemos la propuesta de las contra pedagogías de la crueldad que se enfoca en los vínculos con la vida y las experiencias de las mujeres; mientras que, de María Galindo, por ejemplo, propone leer los cuerpos y las experiencias históricas de las mujeres como una forma de resistencia, como puede ser, estudiar la vida cotidiana de nuestras madres, abuelas y de nosotras mismas para descubrir en ella conocimiento y valor.
El mensaje es claro: para comprender la violencia, hay que escuchar a quienes la viven.
La conferencia también mostró la lectura como un medio para fortalecer lazos y acompañarnos en el dolor. Michelle Petit habla de trozos de saber que cada persona toma del libro para enfrentar el mundo, mientras que de Camila Sosa Villada recuerda que leer y escribir “es un gesto de amor” y que alguien crea en ti “hace que las cosas sucedan”.
Para Carranza, la lectura en comunidad posibilita que las personas se reconozcan en las experiencias de otras, transformando los espacios educativos en lugares más seguros y humanizados.
La investigadora compartió tres experiencias de mediación lectora que ha facilitado o en las que ha participado: un taller formativo en su maestría, su investigación doctoral y el club de lectura Feminam Lectio, surgido en el contexto de la pandemia en 2020, donde mujeres leen a mujeres. En cada experiencia, se reafirma la importancia del acompañamiento afectivo y el compartir la palabra como una forma de resistir.
Finalmente, Elizabeth Carranza destacó que dialogar las violencias desde la lectura nos permite imaginar que otros mundos son posibles, más justos e igualitarios. Al nombrar lo que nos duele y aprender colectivamente, se abren brechas hacia prácticas docentes y vínculos más dignos. “Al leer y al escribir la realidad no nada más enunciamos el mundo en el que vivimos, sino un mundo más justo e igualitario en el que queremos vivir”, señaló.
“Al leer y al escribir la realidad no nada más enunciamos el mundo en el que vivimos, sino un mundo más justo e igualitario en el que queremos vivir”
