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978 | Hace 4 meses | 10 febrero, 2026
En una época donde el reguetón se posiciona como uno de los géneros más escuchados a nivel mundial y también uno de los más cuestionados por constituir una expresión cultural donde las estructuras de dominación son una realidad que demarca las relaciones de género,[1] llama la atención aquel contenido viralizado donde se asegura que “el reguetón provocaría mayor actividad cerebral que la clásica”.
Ese es el título de una nota[2] que hace referencia a un estudio[3] correspondiente a una tesis doctoral elaborada por un neurocirujano del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria en Santa Cruz de Tenerife (España); sin embargo, el fenómeno que se analizó en el estudio no es tan sencillo como podría parecer en la nota. La expectativa musical y la exposición previa a diferentes estilos musicales juegan papeles esenciales.

Al respecto, el doctor Juan Pablo Correa Ortega, profesor-investigador del Departamento de Música del Centro de las Artes y la Cultura de la UAA, comentó que este tipo de afirmaciones deben leerse con cuidado, pues “uno de los problemas de la investigación científica, sobre todo cuando es compleja y muy técnica como un estudio neurocientífico, es que primero el estudio tiene que declarar las limitaciones que presenta, y en segundo lugar, hacer una buena divulgación para que el público que no es especializado pueda entender qué significa”.
Para ponerte en contexto, el estudio analiza cómo distintos estilos musicales (música clásica, electrónica, reguetón y folclórica) activan no solo la corteza auditiva, sino también áreas relacionadas con el movimiento. “Básicamente es que el estilo musical no solo modula la corteza auditiva, que es donde se discrimina el tipo de sonido y se empieza a distribuir hacia todo el cerebro para entender qué es lo que uno está escuchando, sino que también hay señales en la corteza motora”.
El investigador explicó que eso no es un hallazgo novedoso pues ya se ha visto en otros estudios que cuando escuchamos música se activa el área de la corteza auditiva, que está en el lóbulo temporal; las áreas premotoras y motoras del lóbulo prefrontal; así como los ganglios basales asociados a la coordinación del movimiento y la recepción de la dopamina, neurotransmisor asociado al placer y a los procesos de expectativa. “Los ganglios basales codifican los procesos de expectativa: cuando se espera algo y cuando ese algo llega y es mejor o peor de lo esperado, o simplemente lo esperado, surge el placer, la decepción o la frustración”.
De acuerdo con el doctor Juan Pablo Correa Ortega, la música funciona a partir de patrones temporales que el cerebro aprende a anticipar. “La música, como cualquier fenómeno temporal, está basada en patrones que le generan al oyente expectativas, es decir, qué va a pasar, si va a volver a sonar un tema, si va a llegar un acorde o un ritmo o un pulso; incluso cuando la persona no se mueve, las áreas motoras del cerebro se activan como si internamente estuvieran preparando el movimiento”. Por ello, escuchar música implica una interacción constante entre percepción, expectativa y respuesta corporal.
El estudio aporta en la comparación de fragmentos de melodías de reguetón, música electrónica, música clásica y música folclórica, encontrando mayor activación en ciertos estilos a través de imagen por resonancia magnética funcional; en él se reporta que la activación más elevada se da tanto en la música de reguetón como en la electrónica, “ambos géneros musicales tienen un pulso constante y predecible”, acota el investigador del Departamento de Música.
A partir de la lectura del estudio, comentó que “no se controlaron preferencias musicales, ni cultura musical, ni gustos, ni hábitos de escucha; por lo que no se sabe si los participantes estaban familiarizados o no con la música clásica. Si no estaban familiarizados con un estilo musical, no iban a sentir lo mismo que otra persona que lo conoce muy bien”.
El doctor Juan Pablo Correa Ortega Correa enfatizó que una mayor activación cerebral no implica un juicio de valor, pues la activación de ciertas zonas del cerebro no quiere decir que eso sea lo mejor para la persona; el significado lo da la conciencia, si son sensaciones de gusto o disgusto, de placer o displacer, y cómo eso se convierte en juicios y valoraciones. En este sentido, reducir la discusión a qué género es “mejor” resulta simplista y poco útil.

Otro aspecto relevante es el tratamiento de las letras, ya que el estudio en cuestión eliminó la letra de todas las canciones para que no interfiriera con los resultados; lo cual, explica Correa, que no serviría de mucho en el caso del reguetón si las canciones son conocidas por los participantes, ya que las letras se revivirían con la escucha de la melodía sin texto del experimento; de tal forma que la activación podría llegar a darse si recuerda las letras al tiempo que escucha las melodías del experimento.
El investigador de la UAA comentó que, si bien las letras de las canciones de reguetón pueden ser nada constructivas porque son sexistas, porque discriminan o porque promuevan la violencia o comportamientos sexuales desregulados, el ritmo es padrísimo para bailar, tocar instrumentos o aplaudir. “Los ritmos del reguetón que provienen de los ritmos africanos, como el ska o la champeta, tienen ese tipo de efectos, incluso son usados para terapias de movimiento o coordinación”.
Finalmente, el doctor Juan Pablo Correa Ortega, también secretario de investigación y posgrado del Centro de las Artes y la Cultura, destacó que “la música no es perversa. La gente puede tener intenciones perversas o hacer letras que violenten, pero los ritmos del reguetón son ancestrales, no porque suene a reguetón tiene que ser descartable. Lo importante es cómo usamos la música y la intención que le damos. La música es poderosa […] puede reactivar recuerdos incluso en personas con Alzheimer”.
Investigaciones en torno a la música
A través del Departamento de Música, y en colaboración con estudiantes y profesores-investigadores de otras disciplinas, la UAA aporta conocimiento que impacta directamente en las comunidades, y contribuye a determinar los efectos de la música en los distintos ámbitos de nuestra vida. Estos son algunos de los proyectos de investigación vigentes:
REFERENCIAS
[1] Santiso Aguila, Hazell. 2019. “La violencia de género en la música popular bailable cubana: el reguetón como principal exponente”. URI: http://hdl.handle.net/11317/1725
[2] Reguetón provocaría mayor actividad cerebral que la clásica. https://www.dw.com/es/estudio-reguet%C3%B3n-provoca-mayor-actividad-cerebral-que-escuchar-m%C3%BAsica-cl%C3%A1sica/a-58651396
[3] Jesús Martín-Fernández, Iballa Burunat, Cristián Modroño, José Luis González-Mora, Julio Plata-Bello (2021) “Music Style Not Only Modulates the Auditory Cortex, but Also Motor Related Areas”. Neuroscience, volumen (457) páginas 88-102. https://doi.org/10.1016/j.neuroscience.2021.01.012.