Música, cuerpo y baile como resistencia social

417 | Hace 4 meses | 5 marzo, 2026

gaceta uaa

Más allá de la relevancia deportiva, el Super Bowl tiene efectos, cada vez mayores, en el ámbito mediático, económico, publicitario, político y cultural; y en ese creciente impacto, el espectáculo del medio tiempo se adueña del mejor touchdown al mover masas en torno a la industria musical y concentrar todo un discurso sociopolítico. Ese espectáculo, el halftime show, trasciende funciones que repercuten en todos los espacios de la cultura a nivel global, no solo en Estados Unidos.

El doctor Luis Álvarez Azcárraga, profesor-investigador del Departamento en Arte y Gestión Cultural, comentó que el show de medio tiempo ha sido objeto de análisis en la materia de Industrias culturales y creativas de la Licenciatura en Estudios del Arte y Gestión Cultural, por ser un evento que históricamente acentúa en sus presentaciones algún aspecto sociocultural o sociopolítico. No obstante, la edición 2026 a cargo del artista Bad Bunny tuvo efectos mucho más grandes por su discurso político (political statement) ante el contexto actual de discriminación hacia la comunidad latina y los discursos de odio.

El académico mencionó que ese impacto fue resultado de varias situaciones: la segunda administración trumpista, las reacciones de la clase política y de la opinión pública desde el anuncio de su presentación en el Super Bowl el año pasado, la popularidad que goza Bad Bunny como máximo representante de la música latinoamericana y el reguetón, su activismo político en Puerto Rico, así como los mensajes políticos pronunciados en sus conciertos y las ceremonias de premiación recientes. “Eso hizo que en el medio tiempo fuera aprovechado de muchas maneras, no solo él como artista, sino toda la plataforma detrás del show, las industrias alrededor de la música y los actores políticos que se suman al tema”, dijo Álvarez Azcárraga.

En el medio tiempo confluyen muchos aspectos a analizar, ya no se puede ver solo como un espectáculo musical, sino que implica un análisis multidisciplinar donde lo importante es la presentación, lo que se proyecta visualmente. Afirmó que nunca antes los detalles fueron tan importantes, como los puestos de comida o la representación del cañaveral, incluso más que la música.

Comentó que el cuerpo y el baile, impulsados por el reguetón, se vuelven elementos significativos; y junto con la música se convierten en un acto de resistencia. Esto nos lleva a recordar que la música y el baile siempre han sido elementos políticos, particularmente en África y América Latina, donde se está aprovechando por las industrias cultural y musical.

 

 

Sobre los diversos elementos vistos en el medio tiempo, el doctor Juan Pablo Correa Ortega, secretario de Investigación y Posgrado del Centro de las Artes y la Cultura, comentó que las plantaciones son un símbolo que nos recuerda el origen de la discriminación de las comunidades afroamericanas. Explicó que los esclavos africanos empezaron a trabajar en las plantaciones de azúcar caribeñas en el siglo XVI y, tras la abolición de la esclavitud, comunidades de asiáticos remplazaron la mano de obra africana en el siglo XIX. Esta mezcla de culturas ha dado origen al latino. “Somos una mezcla de culturas indígenas, europeas, africanas y asiáticas, entonces, las plantaciones y el campo son un recuerdo de cómo hemos llegado a ser lo que somos. Los esclavos africanos fueron explotados en las plantaciones de azúcar del Caribe; por ello, la música y la danza, asociadas a los rituales originarios de la cultura, adoptaron una función de unión comunitaria y de resistencia frente al cautiverio”.

Citando danzas como la capoeira de Brasil, el gwoka de la Isla de Guadalupe en el Caribe, así como a los alabaos o cantos fúnebres del Chocó (Pacífico colombiano) que han evolucionado al integrar en sus cánticos letras sobre resistencia social, Correa Ortega enfatizó que los diversos símbolos utilizados en el espectáculo de medio tiempo aluden a lo que somos como comunidad latina y las tradiciones que nos unen: “A nosotros nos unen los tacos, el ajiaco, la bandeja paisa, los frijoles con arroz; así como la fiesta y el baile”. Incluso, dijo, que el baile en torno al reguetón, que puede resultar ‘fuera de tono’ o violento para ciertas culturas, en este contexto nos habla de un modo de liberación de la cultura dominante, representada, en este caso, por Trump y su movimiento MAGA (Make America Great Again).

La presencia de artistas latinos, la representación de campesinos, los boxeadores, los platillos típicos, la prevalencia del español en las canciones y en toda la utilería del espectáculo, las referencias a otros reguetoneros puertorriqueños, la salsa como género musical afrocubano, los atuendos, el tambor, entre muchos otros símbolos utilizados por Bad Bunny, “nos lleva a hablar de la presencia latina y de la fuerza que ésta tiene como comunidad”, comentó el doctor Juan Pablo Correa Ortega.

El doctor Luis Álvarez Azcárraga agregó que además de la confrontación del mensaje político del espectáculo, “se están dando muchas otras negociaciones culturales, como una reivindicación de lo que es latinoamericano”; por ejemplo, el triunfo de la compositora mexicana Gabriela Ortiz en los Grammys. Por otra parte, hizo referencia a la complejidad sociopolítica de Puerto Rico y de Estados Unidos donde la música y las artes pueden llegar a tener influencia.

Además de ser canales de resistencia social, la música y las artes tienen diversidad de funciones sociales como el desarrollo cognitivo, el bienestar de las personas, la unidad e identidad de las comunidades, su incidencia en la memoria colectiva. “La música es un artefacto de interacción social, ayuda a construir subculturas, grupos de identidad”, mencionó el doctor Juan Pablo Correa Ortega.

Recalcó que “la música y el arte en general son una actividad humana con un valor incalculable, a los que muchas veces no les ponemos atención o no nos percatamos de cuánto está influyendo en uno; si no se toma conciencia y se analiza el contenido del arte o la intencionalidad, o lo que pudiera generarse aún sin intención, se puede estar ayudando a causar malestar social, pero al mismo tiempo el arte tiene un potencial enorme para generar bienestar, unidad e identidad”.

Finalmente, el doctor Luis Álvarez Azcárraga, experto en estudios socioculturales, estética y arte, invitó a reflexionar y analizar estos fenómenos culturales, pues mencionó que no es necesario escuchar determinada música para reconocer los valores estéticos ajenos, pero sí ser tolerantes a las diferencias y entender que hay diversidad de prácticas musicales. Además, exhortó a no colocar a Bad Bunny como el ‘salvador’, pues no debemos olvidar que su función es el entretenimiento y vender un producto musical por lo que debemos ser críticos con el resultado o el mensaje final.