La orden religiosa de San Agustín en la Biblioteca de la Universidad Autónoma de Aguascalientes

546 | Hace 8 meses | 19 septiembre, 2025

gaceta uaa

COLABORACIÓN  | LLH José Luis González Sandoval, luis.gonzalezs@edu.uaa.mx

En el corazón de la Universidad Autónoma de Aguascalientes se resguarda un tesoro silencioso que, aunque olvidado por el tiempo, permanece intacto en esencia y mensaje. El Fondo Antiguo, albergado en la Biblioteca Central, es mucho más que una colección de libros; es un testimonio vívido de siglos pasados, de historias, creencias, símbolos y saberes que todavía palpitan entre hojas descoloridas y encuadernaciones centenarias.

El Fondo Antiguo se divide en dos secciones fundamentales: el Fondo Colonial y el Fondo Conventual. Este último, compuesto por aproximadamente 200 ejemplares, contiene obras de los siglos XVI y XVII, en su mayoría con contenido religioso, y con un origen tan singular como su contenido: fueron encontrados emparedados entre los muros del antiguo Convento de la Purísima Concepción en Aguascalientes, que hoy conocemos como Templo de San Diego, a un costado del emblemático edificio J. Jesús Gómez Portugal. El hallazgo no fue parte de una investigación planeada, sino un descubrimiento fortuito que añadió un valor aún más especial a estos volúmenes que el tiempo y la historia parecían haber escondido, pero no olvidado.

El segundo libro más antiguo que pertenece a la colección conventual es, sin duda, La Chronica de la Orden de los ermitaños del glorioso padre San Agustín, escrita por el santo padre fray Hieronymo Roman y publicada en Salamanca en 1569. Esta crónica, que abarca doce centurias —cada una correspondiente a cien años—, no solo narra la historia de la Orden Agustiniana desde una perspectiva interna, sino que también ofrece un análisis detallado de su evolución, estructura y presencia en el mundo.

El libro está dedicado a fray Juan de Muñatones, obispo de Segorve y también miembro de la misma orden, lo cual subraya el carácter profundamente institucional y testimonial de la obra. A pesar de la pérdida de su portada y de algunas páginas iniciales, el ejemplar conserva 333 páginas en muy buen estado, abriendo así la puerta a investigadores, estudiantes y curiosos que deseen adentrarse en el universo de las órdenes religiosas.

Cabe destacar que el diseño editorial del libro es otro de sus elementos sobresalientes. Su estructura interna está organizada con una caja reticular de seis columnas, en las cuales se consignan datos como el año de Cristo, el año del Papa, el año del General, y el año de la Orden, entre otros. Esta disposición revela el esfuerzo sistemático por contextualizar los hechos narrados dentro de una cronología rigurosa, permitiendo al lector entender la historia agustiniana en su complejidad temporal y espiritual.

La obra también incluye un prólogo, un catálogo de autores citados, tablas de contenido, listas de santos, beatos, doctores y prelados de la orden, así como catálogos de provincias, congregaciones y capítulos generales. Cada sección está pensada para ofrecer una visión panorámica y detallada de la vasta red monástica que los agustinos establecieron en Europa y América.

 

 

Uno de los aspectos más fascinantes del libro es el simbolismo contenido en sus grabados y en su iconografía. Destaca un grabado de San Agustín, donde se le representa con una mitra episcopal, báculo y un libro en su mano izquierda, sobre el cual se alza una construcción en forma de monasterio. Este conjunto visual sintetiza magistralmente la vocación intelectual y espiritual de la orden: el libro como fuente de verdad divina, el corazón como receptáculo del amor de Dios, y el monasterio como símbolo de comunidad, disciplina y oración.

El escudo que aparece en esta imagen, aunque anterior a la institucionalización de blasones eclesiásticos, anticipa muchos de los elementos que hoy forman parte de los escudos pontificios, como el del actual papa León XVI. Además, aparece una inscripción que rodea al santo —“Tu eres el Señor, mi corazón, con amor”— que encapsula la profundidad afectiva y teológica de la espiritualidad agustiniana, donde el corazón es símbolo central de la conversión, la sabiduría y la caridad.

Este simbolismo se extiende también a las letras capitulares decoradas con figuras mitológicas y animales fantásticos del medievo que no solo embellecen el texto, sino que remiten a una cosmovisión rica en alegorías y enseñanzas. Las páginas del libro, con sus textos en latín, sus marcas de fuego y anotaciones marginales, nos transportan a una época en la que el conocimiento era un acto sagrado y los libros, verdaderos cofres de sabiduría.

Entre las páginas de esta crónica también se encuentra una justificación muy reveladora. En 1497, el papa Sixto ordenó con gran rigor que se llevara un registro detallado de todos los conventos agustinianos, lo que motivó en gran parte la elaboración de este compendio. Aunque el propio autor reconoce la dificultad de obtener cifras precisas, menciona que algunos frailes contaban más de 2,000 monasterios, con presencia en países como España, Alemania, Perú, Escocia, Francia, Italia e incluso, en las entonces llamadas Indias. También ofrece información sobre los monasterios destruidos y sobre aquellos dirigidos por religiosas, aunque estos últimos no fueron contabilizados de manera precisa.

Este libro, junto con los demás ejemplares del Fondo Conventual, no son solo piezas de museo o curiosidades bibliográficas. Son testimonios vivos de un legado cultural, espiritual y académico que aún tiene mucho que decirnos. En sus páginas encontramos un diálogo entre el pasado y el presente, un puente entre el conocimiento teológico, la historia y el arte; y una invitación a mirar con respeto y admiración los caminos por los que ha transitado el pensamiento humano.

Así pues, la Biblioteca Central de la UAA abre generosamente sus puertas a quienes deseen conocer más sobre este legado. El Fondo Antiguo representa una oportunidad única para reencontrarse con la historia desde una perspectiva íntima y reveladora. Sus libros nos hablan no solo de religión, sino de organización, identidad, disciplina, y sobre todo, de la pasión por preservar y transmitir el conocimiento de evangelizar a la población en aquella época y en los lugares y espacios que se difundiera la fe de la tradición judeo-cristiana.

Bienvenidos todos a la biblioteca y a su pasado bibliográfico.