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PDF | 620 | Hace 6 meses | 3 julio, 2025
Dra. en Admón. Sandra Yesenia Pinzón Castro
(Escucha el audio de la columna)
Decía Federico García Lorca que “un pueblo que no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo.” Uno escucha esa frase y no puede evitar pensar en todo lo que significa para una sociedad el reconocer y solventar su necesidad de las artes y, más concretamente, de aquellas enfocadas a contar historias que hablen sobre nuestras ilusiones y miedos, nuestras aspiraciones y dificultades. En ese sentido, el arte, más que un espectáculo de distracción es, o debe ser, un espejo que nos interpela, nos confronta y nos recuerda quiénes somos y qué podríamos llegar a ser.
Hace unos días tuve el gusto de asistir a una función de la puesta en escena intitulada “¿Esto es arte?”, que fue el proyecto de egreso de nuestros alumnos del último semestre de la Licenciatura en Actuación. Más allá del gusto que me da ver que un puñado de jóvenes talentosos está dando pasos adelante en su formación profesional, me ilusiona saber que entre las nuevas generaciones sobrevive la necesidad de cuestionar y denunciar las ideas y decisiones que tomamos como sociedad, a través de ese fascinante espejo hecho de creatividad, estética y ficción que se crea en los escenarios.
Esto no es cosa menor, sobre todo si tomamos en cuenta las siguientes dos situaciones:
Primero, vivimos en una época que privilegia la cultura del espectáculo vacío; que busca un entretenimiento parecido a la comida chatarra, la cual puede tener un gran sabor, pero no tiene propiedades nutritivas. Una golosina, unas frituras o una hamburguesa producida en serie pueden estar bien como pequeñas concesiones, que nos damos a veces para satisfacer algún antojo; pero este conjunto de alimentos no podría representar la base de nuestra dieta porque, como sabemos, a mediano o largo plazo pondríamos en riesgo nuestra salud.
Lo mismo sucede con el consumo de contenido visual, auditivo y audiovisual: sea en televisión, streaming o redes sociales, el sobreconsumo -siempre pasivo- de contenidos que no retan nuestra capacidad de observación, de reflexión, de apreciación estética o de cuestionamiento, tarde o temprano tienen el efecto de sedarnos y disminuir algunas de nuestras capacidades cognitivas.
La segunda situación es que, además de lo dicho, la época en que vivimos también se ha volcado por completo a alimentar la maquinaria del consumismo: un consumismo donde todo es desechable y que, además, se ha construido sobre una variante del progreso bastante llamativa, que parece ver en la generación de ingresos no un medio para alcanzar un objetivo, sino un fin en sí mismo.
Las dos situaciones anteriores dan mucho para reflexionar y cuestionar. Pero, a reserva de volver a estos temas en otro momento, quisiera por lo pronto subrayar lo que comentaba al inicio de este mensaje: en un mundo y una época donde nuestra creatividad, nuestro pensamiento profundo y nuestra capacidad crítica parecen estar cediendo terreno ante la comodidad de la cultura del consumismo y el espectáculo sin sustancia, ilusiona que entre las nuevas generaciones surjan artistas que se atreven a pensar en el arte como en un elemento creativo transformador, crítico y disruptivo.
Muchas felicidades a todas y todos nuestros nuevos licenciados en actuación, así como a todo los y las artistas jóvenes que, desde su vocación, día con día nos enseñan a nadar contra corriente y nos retan para que no olvidemos que ejercer el pensamiento crítico y su expresión, es también ejercer una libertad y un derecho.