
¿Te interesa conocer más sobre la UAA? Encuentra información sobre nosotros y nuestra historia. ¡Escríbenos!

Complementa tu formación con nuestras opciones de pregrado y posgrado, cursos de extensión académica, diplomados y cursos de idiomas que tenemos disponibles para ti.

Anímate a convertirte en uno de nuestros estudiantes. Encuentra información sobre nuestros servicios, oferta educativa y procesos de admisión.

Infórmate acerca de todos los beneficios que te ofrece la UAA, como las instalaciones y servicios, oferta educativa, deportes y alternativas de apoyo.

Atrévete a expandir tus horizontes y ampliar tus conocimientos al estudiar fuera del estado o del país. ¿Estudias en otro lado y te interesa venir de intercambio a nuestra universidad? ¡Infórmate aquí!

Porque el proceso de aprendizaje nunca termina, infórmate acerca de los servicios y opciones que la UAA tiene para ti. Conoce más acerca del apoyo y las convocatorias disponibles.

Da clic aquí y encuentra información sobre los servicios que ofrecemos como la Bolsa de Trabajo Universitaria o la Unidad de Negocios, así como eventos y convocatorias.

Entérate de las noticias más recientes e importantes de nuestra universidad.
PDF | 446 | Hace 6 meses | 24 julio, 2025
Dra. en Admón. Sandra Yesenia Pinzón Castro
(Escucha el audio de la columna)
Yo crecí escuchando decir a muchos adultos, con la mayor naturalidad del mundo, frases como “la letra con sangre entra” o “a ese niño le hace falta una buena cintareada”. Esas “estrategias educativas” estaban tan normalizadas en aulas y hogares, que el “reglazo” y el famosísimo “chanclazo” eran correctivos muy usados por los docentes y las mamás mexicanas (tanto que el diez de mayo pasado en una escuela de Hidalgo hicieron -un poco en son de broma- una competencia de lanzamiento de chancla).
Recordar esto podría arrancarnos una sonrisa indulgente, entendiendo que en general no había mala fe en las actitudes de los adultos de aquellos tiempos, sino más bien falta de conciencia sobre los efectos nocivos de esas formas de educación y, más importante, sobre lo injusto y doloroso que era atropellar los derechos humanos de las personitas más indefensas de la sociedad.
Afortunadamente, de unas décadas para acá comenzó a generarse un cambio gracias al desarrollo de instituciones, profesiones y academias que empezaron a documentar, estudiar y señalar que aquellas prácticas causaban un daño profundo, y a veces irreversible, en la salud mental, emocional o física de millones de personas.
A partir de los cambios de paradigmas educativos, organizaciones civiles, así como autoridades legislativas, ejecutivas y judiciales, decidieron hacer un esfuerzo por modificar desde sus raíces el pensamiento y las prácticas violentas contra las infancias. En nuestra entidad hay dos momentos especialmente importantes: uno se dio el 4 de diciembre de 2014, con la promulgación en el país de la “Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes”, y el otro ocurrió el 3 de junio de 2015, con la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado de Aguascalientes.
Desde entonces, esta ley ha evolucionado y se ha fortalecido. Por ejemplo, se impulsó el enfoque de crianza positiva, libre de castigo corporal; se reforzó la atención a la primera infancia y se creó una red de sistemas municipales de protección. Gracias a este marco, hoy existen protocolos claros de atención, se han atendido miles de casos de maltrato infantil, y hay instituciones especializadas que acompañan de manera directa a infancias y adolescencias en situación de vulnerabilidad. Además, en las escuelas mexicanas se ha erradicado por completo esa terrible frase de “la letra con sangre entra” y poco a poco surgen nuevas maternidades y paternidades comprometidas con una educación desde el respeto a la dignidad.
Sin embargo, todavía hay muchos desafíos por delante para modificar la manera en que piensan y actúan muchas personas que, desgraciadamente, siguen repitiendo los patrones que aprendieron y sufrieron de pequeños. Voy a dar sólo un par de datos para ejemplificar: de acuerdo con fuentes oficiales, a nivel nacional 6 de cada 10 niños de entre 1 y 14 años en México siguen siendo disciplinados mediante métodos violentos en sus hogares, y solo la mitad de madres, padres o cuidadores considera que el castigo corporal no es necesario.
Esto nos muestran que, si bien se han hecho esfuerzos importantes en la materia, la transformación cultural aún está en proceso. Por eso necesitamos seguir empujando desde todos los frentes: la familia, la escuela, los medios, las instituciones… y por supuesto, desde la universidad.
Porque si algo hemos aprendido es que la paz no se decreta, sino que se transmite como una postura y una forma de vida. Si queremos una sociedad más justa, segura y empática, tenemos que empezar por cuidar y formar a quienes apenas están aprendiendo a habitar el mundo. Allí —en la infancia y adolescencia— se decide mucho del futuro de toda la sociedad. Allí se planta la semilla de la dignidad o del miedo, de la participación o del silencio.
En la Universidad Autónoma de Aguascalientes creemos profundamente en el poder de la educación como motor de cambio y estamos convencidos de que proteger a las niñas, niños y adolescentes es la base misma de una sociedad civilizada. Contrario a la desterrada creencia popular, lo cierto es que “la letra con cariño y comprensión entra”.